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 La fortaleza antequerana del «Papabellotas»: importancia arqueológica, histórica y patrimonial


 

• Introducción. La dificultad del estudio

En lo que parece ser éste de 2002, una especie de año temático en torno al conjunto de murallas, puertas (Bib en musulmán) y fortificaciones que coronan nuestra ciudad, con este artículo se pretende, más que un estudio, una homenaje a la construcción que, por excelencia se convierte probablemente en la más característica y emblemática de nuestra ciudad: el castillo, fortaleza o alcazaba de «Papabellotas». En relación con esto, la razón de realizar como he dicho, más que un estudio, un recordatorio, no es arbitraria. Intentaremos explicarlo.

El estudio del conjunto fortificado de la Antequera musulmana plantea una serie de problemas:

El primero de ellos es la escasez de información que sobre él se tiene hasta el momento, lo que reduce notablemente el conocimiento del tema. (Escasa información que por otro lado ha sido continuamente repetida en las diversas Historias de Antequera) (1). Es este propio desconocimiento el que convierte en obligada la intervención arqueológica en el recinto, para intentar dar un poco de luz al proceso de investigación. Precisamente nos encontramos en esta fase en la que, con el arqueólogo municipal Manuel Romero Pérez a la cabeza, un equipo de especialistas están trabajando en el descubrimiento, estudio y reconstrucción del conjunto amurallado, para conseguir, no sólo lo que muchos piensan y que es crear un nuevo núcleo que convierta a Antequera mucho más atractiva desde el punto de vista turístico y patrimonial (algo que por otro lado me parece totalmente legítimo) sino lo que debe ser (y creo que así es) el principal incentivo al proyecto, dar el definitivo salto, cualitativo y cuantitativo en la investigación del conjunto.

Sin embargo, es lógico que la investigación arqueológica no es tarea de un día y por tanto aún será necesario esperar para conocer los resultados de ese salto investigativo que por otro lado, espero se de en un futuro a corto-medio plazo con próximas publicaciones por parte de los que trabajan en el proyecto.

Vistos los hechos, nos encontramos por tanto en una etapa clave en el estudio del conjunto fortificado de la Antequera musulmana, pero aún así, y a pesar del trabajo que se está realizando sobre el terreno, resultará bastante complicado conocer datos concretos como el año exacto en el que se empezó a construir la fortaleza antequerana, la duración de sus obras, las fechas de sus posibles ampliaciones o reconstrucciones, los walíes a su cargo... y un buen número más de datos que no pueden ser sustraídos de la investigación arqueológica y que sólo podrán ser conocidos a partir de lo que yo personalmente denomino como un «milagro de archivo».

Así pues, conformémonos por el momento con presuponer la importancia arqueológica del conjunto (de la que tanto debemos al visionario Torres Balbás (2)) el papel de la fortaleza en la toma de Antequera, allá por 1410, el reflejo que tuvo en otras fortificaciones de territorios cercanos o en las leyendas, numerosas y bellas que rodean su existencia, ya que, en definitiva, y hasta que lleguen las esperadas y futuras publicaciones, cualquier intento de conclusión definitiva en la investigación de la fortaleza y su conjunto, será no menos que aventurado.

• Descripción de la fortaleza y del conjunto amurallado

A pesar de los años transcurridos desde sus publicaciones, no podemos dudar que el gran referente a la hora de analizar la información que sobre la fortaleza y el resto del conjunto se tienen, es Leopoldo Torres Balbás. Así, y basándose en sus datos como en los de otros especialistas como Fermín Requena (3), podemos llegar a una serie de conclusiones:

La primera de ellas y que constituye además la eterna duda, es la del desconocimiento de la fecha exacta de construcción de la fortaleza. De hecho, lo único que sabemos es que la primera mención de la alcazaba data de los siglos XII y XIII, fechas en las que Yaqut, autor árabe, habla de «... Antaqira como castillo (hisn) situado entre Málaga y Granada». (4).

Después de esto, las continuas refriegas entre cristianos y musulmanes llevaron a un deterioro de la construcción, procediéndose a la reconstrucción parcial del mismo, así como a la inclusión de nuevos y «modernos elementos defensivos, algunos posiblemente adoptados de la arquitectura militar almohade». (5)

Un proceso similar de mejora y acondicionamiento de la fortaleza, llevó a cabo el monarca nazarí Yusuf III, cuando, siendo consciente de que la negativa del Infante Don Fernando a prorrogar la tregua entre ambos reinos significaba la proximidad del combate decisivo, procedió al fortalecimiento de los castillos y las defensas fronterizas. Entre estos se encontraba por supuesto el de Antequera, la plaza además preferida y elegida por el Infante para lanzar, tras la conquista de ésta, el ataque decisivo contra el reino nazarí de Granada. Y mientras llegaba este momento serviría igualmente de envidiable posición para vigilar las tierras granadinas.

Seguramente, desde estos primeros roces entre los dos bandos, las medidas de Yusuf III y hasta la conquista definitiva de la alcazaba en septiembre de 1410, el edificio mantuvo su estructura con las ya mencionadas reconstrucciones y mejoras. No quiere decir sin embargo que «Papabellotas» perdiera su importancia como elemento defensivo tras la conquista de la ciudad, sino que, lejos de esto, se convirtió en uno de los principales baluartes desde los que se iba a preparar el asalto final al debilitado reino nazarí.

De hecho la primera medida adoptada por el Infante una vez tomada la plaza, fue proceder a la reconstrucción de las murallas y torreones de la fortaleza, la mayoría en estado ruinoso, debido al largo asedio a que se viera sometida. Estos hechos tuvieron lugar según los cronistas el 1 de octubre de 1410. (6).

Realmente lo que cambia, no es como ya he dicho, ese carácter defensivo, de guarnición, de la fortaleza, sino un cambio en la estructura urbanística de la recién conquistada Madina Antaquira; la población comienza a establecer sus viviendas fuera del recinto amurallado, quedando sólo una pequeña parte de la población del conjunto fortificado.
Junto a este pequeño núcleo poblacional que quedó dentro del recinto amurallado y compuesto principalmente por algunos de los personajes más destacados de la sociedad antequerana del momento, se reconvirtió una mezquita (derruida en el siglo XVII) en la iglesia parroquial de San Salvador.

Con este hecho llegamos a un periodo en el que, una vez concluido totalmente el proceso de reconquista cristiana, la fortaleza antequerana va perdiendo paulatinamente sentido defensivo y con ello importancia, lo que se traduce en abandono y degeneración del edificio. A pesar de ello, a principios del XVI y por subvención popular, se procede a la restauración de la fortaleza, al igual que durante el reinado de Felipe II. En ambos momentos serán restauradas las dos principales torres que componían el conjunto, la Torre del Homenaje y la Torre Blanca. (7). Ocupando el extremo de la ciudad árabe, la alcazaba tendría una extensión aproximada de 10 kilómetros cuadrados teniendo hoy un aspecto muy diferente al original ya que según los especialistas los muros tienen una altura inferior a la original y además carece la fortaleza en la actualidad de la almenada que la caracterizaba.

Obviando por el momento la intervención arqueológica de in-vestigación y reconstrucción que de los lienzos de muralla se está llevando a cabo, lo que tradicionalmente se conoce como castillo o fortaleza de Papabellotas consiste en dos grandes torres unidas por un lienzo de muralla (en la que se observan además dos pequeñas torres de construcción semicilíndrica y semicuadrada) De ellas, la mayor es la llamada Torre del Homenaje (una de las mayores torres nazaríes por encima de otras tan señeras como las de la Alhambra o la alcazaba de Málaga), sobre la que posteriormente (siglos XVI- XVII) e construyó el campanario que le da su forma actual.

También llamada según Torres Balbás y en el siglo XVI la Torre de las Cinco Esquinas, está compuesta por sillares regulares mientras que la muralla que une con la otra gran torre, la llamada Torre Blanca, está construida de mampostería. Estas dos torres serán denominadas también por Requena como «Borch- al- Agba» o Torre de la Escala y «Borch- al- Madina» o Torre de la Ciudad, comunicando hacia el sur con la llamada Puerta de Málaga, hoy conocida y reconvertida en la Ermita de la Virgen de Espera (ancho total de su frente de 9,94 metros).

Otros puntos con los que conectaba el recinto amurallado eran la Torre albarrana que encontramos al pasear por el río de la Villa y que presumiblemente serviría para controlar el acceso el río y el abastecimiento de agua, ésta es la Puerta del Agua, que comunicaría además la población que quedaba dentro del recinto amurallado con la que había asentado su vivienda fuera de él. (8). Otro de los puntos clave del recinto fortificado lo compone el Postigo de la Estrella.

En cuanto a las dimensiones, Torres Balbás establece las de la Torre del Homenaje en 16,75 por 17,70 y las de la Torre Blanca en 9 por 9,70 metros, esta última de dos plantas, teniendo la más alta una especie de patio interior que por otro lado puede observarse en las fotografías recientes que, con ocasión del especial de Navidad, publicó este periódico.

Junto a esta serie de torres y puertas mencionadas (Homenaje, Blanca, Málaga, Agua, Estrella...) existían otras entrada al recinto amurallado, la llamada Puerta de la Villa, que en 1585 fue derruida y sustituida por el Arco de los Gigantes y la de las Bastidas, derribada igualmente en 1841.

En definitiva nos encontramos con un conjunto amurallado compuesto de postigos, puertas, torres, barbacanas, albarranas... que convertían a la Madina antequerana en una de las mejores defendidas y por tanto más fuertes, del reino nazarí. No obstante esta envidiable composición defensiva antequerana va a cambiar ostensiblemente en los años posteriores, iniciándose el declive de la misma.

Como ya he mencionado anteriormente, la razón de que una gran parte del recinto amurallado, de sus puertas, de sus torres, se encuentren derruidas o en un estado lamentable, se debe fundamentalmente a la nueva situación que tras la toma de Antequera y sobre todo, cuando dejó de ser un castillo fronterizo, tendrá que afrontar la fortaleza antequerana.

Bien es verdad que hemos comentado antes que se llevaron a cabo varias reconstrucciones (en 1510, en el reinado de Felipe II, en 1592...) pero por encima de todas estas mejoras y como nos decían los especialistas «alcazaba y murallas ya no eran de utilidad alguna. Parte de la primera manteníase aún en pie por tener en ella su habitación el alcaide. A la Antequera militar sustituía la agrícola e industrial, de intensidad religiosa, a juzgar por el número de templos y conventos entonces levantados, y gran riqueza, indiferente al pasado y a sus restos». (9)

Así y al leer testimonios como éste, no pueden evitarse el optimismo y la esperanza de saber que vivimos en una cultura diferente a la de siglos atrás y a la de algunas actuales, en la que por encima de connotaciones religiosas o defensivas, lo que prima es el valor artístico, arqueológico, histórico o patrimonial, factores que se reflejan por ejemplo en las intervenciones arqueológicas que se están llevando a cabo en la actualidad.

• El papel de «Papabellotas» en la toma de Antequera (1410)

Antes de profundizar en este apartado me gustaría ahondar en dos aspectos fundamentales: El primero de ellos es que si la dominación musulmana de Antequera transcurrió durante 695 años (desde 715 hasta 1410, fecha en que fue liberada por las tropas cristianas del Infante Don Fernando) y si además sólo se habla de Antaquira con nombre propio en los últimos dos siglos de ocupación árabe, ¿qué ocurrió con su importancia en los primeros siglos de su cautiverio? ¿Es qué no existe tal importancia o es que no hay documentos que la acrediten?

Considero que es precisamente este hecho (el de la ausencia de testimonios escritos) el que demuestra que en los primeros tiempos de dominación musulmana, Antequera no tuvo un papel relevante. ¿Qué lugar ocupa en todo esto la alcazaba antequerana? Es más que probable que la alcazaba aún no existiera y que apareciera siglos más tarde, dando más fuerza a una polémica que trataremos cuando hagamos hincapié en un segundo aspecto.

De hecho, las alusiones, no sólo a una fortaleza, sino a la Antequera de los siglos VIII-X son inexistentes o muy escasas, una época que coincide con la etapa más brillante del califato de Córdoba (929- 1031). Sí hay por el contrario alusiones frecuentes a Archidona que, capital de la cora malagueña, desempeñaría el papel principal de la región. De ella hablaremos más adelante.

Antes de esto, otra de las fortalezas que brillaba con luz propia era la de Bobastro (de la que aún hoy considero que existen muchas incógnitas y mucho por profundizar en su estudio). Sin embargo, ésta caería muy pronto. El 25 de Febrero de 928 Abd- ar- Rahmán III, con su heredero Al- Hakam, conquistaban la fortaleza.

Mientras y después de todo esto seguía sin haber constancia, ni de una Antequera ni mucho menos de una fortaleza antequerana.

No obstante la situación empieza a cambiar y así nos encontramos con que aparece un poema de Samuel ibn al- Nagralla, visir judío del rey Badis de Granada, que supone la primera mención a una Antequera islámica. La fecha exacta es el 18 de Septiembre de 1046.

Parece que el hecho de que Antequera apareciera, a pesar de que fuera en una breve mención, en un testimonio escrito, vislumbraba que su importancia iba en aumento, importancia que se seguirá manifestando cuando en otros testimonios escritos aparezcan las primeras menciones de «fortaleza de Antequera», «castillo de Antequera»... en el siglo XIII.

En este mismo siglo (concretamente en 1248) se va a producir un hecho que supone un punto de inflexión en las hasta entonces escasa importancia de Antequera en los textos. Fernando III conquistaba Sevilla, situándose por tanto Antequera en un magnífico punto intermedio entre la capital sevillana y la granadina. (10).

Es sin duda en esta etapa donde debemos buscar con más certeza la construcción de la fortaleza antequerana, que sería resultado y culminación de una villa en creciente importancia.

Tal es así que más de un siglo más tarde, en 1361, Pedro I el Justiciero entraba en Antequera en una de las numerosas refriegas que se dieron antes de la conquista definitiva, y la definió como «muy fuerte» (11) e inexpugnable.

El hecho es que el paso de los años no mermaba la importancia de la Madina Antaquira. Todo lo contrario ya que, tras diversos conflictos e intentos de conquista, llegamos a 1410, fecha en la que, recrudecidos los combates, la fortaleza y el resto del conjunto fortificado van a desempeñar un papel fundamental, centro de una doble tensión: por un lado la de los musulmanes, como llave que cierra la puerta que guarda sus últimas esperanzasde proteger su debilitado reino y por otro la de los cristianos, como llave también, pero que en este caso abriría con su conquista el camino hacia la victoria definitiva.

Un segundo aspecto en el que quería hacer hincapié es en el de la problemática suscitada por las discusiones entre si la fortaleza era original musulmana o si por el contrario se valió de restos anteriores (visigodos o romanos) para su construcción.
Apoyando esta segunda hipótesis nos encontramos con el presbítero Francisco Cabrera, autor de una de las Historias de Antequera, manuscrita del XIX, donde nos dice (y usando además las palabras como título) que «Antequera no fue pueblo fabricado por los moros». Hasta aquí todos de acuerdo ya que son numerosos los testimonios que evidencian una existencia de Antequera antes de la conquista musulmana (otra forma de pensar sería absurda).

Sin embargo Cabrera va más allá y con relación a la fortaleza nos dice: «la grandeza, formación y disposición del Castillo de esta ciudad, la figura o cuerpo de la principal torre de su fortaleza, nombrada Torre o Castillo del Reloj, que es pentagonal o de cinco esquinas y que tiene su puerta sobre lo alto del muro y en su interior hay vivienda con buenos aposentos y plaza de armas y las demás torres... son obras que nada tienen de construcción arábiga». (12) (según él sería obra romana)

Frente a esta consideración de Cabrera se alzan las opiniones de expertos que señalan la construcción de la fortaleza como original musulmana, lo que por otro lado no excluye que esta se construyera (aprovechando sobre todo lo beneficioso de un terreno escarpado para el aspecto defensivo) en un lugar en el que habían existido construcciones anteriores (las investigaciones lo dirán).

Personalmente, frente a la que considero aventurada conclusión de Cabrera, considero que, de haber existido una fortaleza antequerana antes de la invasión musulmana, los textos no habrían hablado de ella tan tardíamente, lo que nos lleva a descartar casi definitivamente el origen romano de la construcción.

Aparte de estas puntualizaciones y en el aspecto concreto de la conquista de Antequera la verdad es que no hay nada nuevo que decir que no se haya escrito. Lo que más interesa a nuestro tema es comentar lo ya dicho, que en 1410 la fortaleza antequerana, con sus reconstrucciones y ampliaciones era realmente fuerte y difícil de conquistar, como nos demuestran las crónicas del asedio.

Un primer punto (y principal) que muestra la dificultad de la toma de la fortaleza, es el largo periodo de tiempo, 5 meses (de abril a septiembre de 1410) que duró el asedio a la plaza.

Un segundo aspecto que nos habla de la dureza del recinto es el armamento cristiano usado para el asalto, un armamento moderno, no empleado hasta el momento y que se utilizaría junto a otras armas como las lombardas o el típico equipo de artillería, por otro lado ya anticuado. Se trata de las Bastidas, torres móviles de asalto en cuya parte superior se situaba un arquero.

No obstante y a pesar de este armamento, los primeros intentos de asalto fracasaron (esto demuestra que la fortaleza se convertía en la última esperanza musulmana de salvación para una población que había quedado diezmada física y moralmente tras la derrota en la batalla de «Fúmma Jámár» o Boca del Asno, en Mayo de 1410).

No ocurrió lo mismo el 16 de septiembre, fecha en la que se accedía de forma definitiva a la Torre de la Escala (Postigo de la Estrella) sellando una derrota que hacía que, agotados los musulmanes, con hambre y sed y agotadas además todas las esperanzas de solución diplomática al conflicto, el wali Al- Karmén, encargado de defender la fortaleza, la entregara al Infante, saliendo con los suyos e iniciando desde ese día un largo éxodo en busca de una nueva tierra, la cual, tras rechazar establecerse en villas como la de Archidona o Loja, encontraron en la misma capital del reino nazarí de Granada, donde fundaron el barrio de la Antequeruela (que aún hoy, aunque mermado, perdura en la capital granadina) (13).

El castillo y sus leyendas

Antes de comenzar este último apartado y considerándolo preciso, me gustaría aclarar que existieron otros castillos y fortalezas que desempeñaron un papel relevante, bien con interioridad o en el mismo contexto que Papabellotas. Sin embargo y como el centro de este artículo es la fortaleza antequerana, es necesario, sin ahondar más por el momento, adjuntar al menos una referencia bibliográfica sobre algunas de estas construcciones que merecen al menos ser mencionadas. Quizás puedan tener cabida en otro estudio. En este nos limitaremos a adjuntar información en las notas que aparecen al final del artículo. (14).

Aparte de esto y ya centrados en este último apartado, creo que resultaría atractivo concluir el artículo citando algunas de las más famosas leyendas relacionadas con el castillo. Y es que, al igual que los hechos reales, objetivos... el aspecto legendario supone también un elemento de importancia a la hora de realizar un estudio histórico y si no es así, sí sirve al menos para dar otra visión al lector que no sea la exhaustivamente histórica. Hay que decir también que todas las leyendas que tienen como centro la fortaleza antequerana, transcurren en el periodo de tiempo en que tiene lugar el asalto y conquista de la madina en 1410. (Evidentemente existen otras leyendas pero que no están directamente relacionadas con la alcazaba)

Una de las más bellas es la que narra como Tello de Écija, caballero cristiano, se acercó a las puertas de la fortaleza, desafiando a algún caballero a que midiera con él su espada. No salió otro que Arabella, walí rondeño que, siendo huésped de su colega Al- Karmén (15), aceptó el desafío. Resultó vencedor en la refriega Tello que, lejos de rematar a su adversario, le ayudó a curar sus heridas, convirtiendo así la enemistad del musulmán en gratitud y cariño para siempre y llevándolo incluso a la propia Granada, donde Tello fue agasajado.

Otra de las historias legendarias es la de Rodrigo Vélez, que avisó al Infante Don Fernando de un plan trazado por una serie de traidores dispuestos a incendiar el campamento cristiano. Gracias a su confesión, cuenta la historia, no sólo no se produjo el percance sino que los traidores fueron apresados y ahorcados. Mientras, por orden del Infante, Rodrigo Vélez sería desde entonces conocido como Rodrigo de Antequera.

Aparte de estas leyendas en las que el detonante de la historia es el sentido de la justicia, el honor, la lucha legítima... en definitiva, los que tienen como centro el ideal caballeresco, son las más numerosas aquellas en las que el tema amoroso o pasional desempeña un papel relevante.

De estas destaca la leyenda de la mora Garrida, cuya belleza provocará el enfrentamiento entre miembros de la propia tropa cristiana. El Infante estableció que ella elegiría al primero de los dos que alcanzara la Torre de la Escala en el decisivo día del 16 de Septiembre.
Finalmente, la mora Garrida, o Daipha Halema, su verdadero nombre, guiándose por su amor elegiría al más justo de los caballeros, Pedro Montalvo, casándose con él, cambiando su nombre por el de Leonor de Montalván y teniendo como padrino de bodas al propio Infante Don Fernando.

En conclusión y por lo que hemos podido ver en estas páginas, el mundo que conforma la historia de la alcazaba antequerana es realmente apasionante, no sólo desde las bellas y numerosas leyendas que la rodean, sino también y sobre todo, de toda la incógnita que envuelve su origen y construcción.

Apasionante es sin duda su figura, su recuerdo, su simbología... y más que seguirá siendo cuando las próximas investigaciones nos desvelen, si no todos, sí al menos parte de los numerosos secretos que aún alberga en su seno la alcazaba antequerana.

(1) Una de las más interesantes, la de Alonso de Yegrós o la manuscrita del siglo XIX del presbítero Francisco Cabrera.
(2) Torres Balbás, Leopoldo: «Antequera islámica», (en «Crónica arqueológica de la España musulmana». Revista «Al- Ándalus». V. XXIX)
(3) Requena, Fermín: «El castillo de Al- Karmén y el Infante Don Fernando».
(4) Fernández López, Sebastián: «El aparato defensivo militar antequerano en la Edad Media» (en «Revista de Estudios Antequeranos. V. II. 1993, información obtenida a su vez de Karim, G: «La España musulmana en la obra de Yaqut, siglos XII- XIII», en «Cuadernos de Historia del Islam», número 6)
(5) Ibidem.
(6) Requena, Fermín: «El castillo de Al- Karmén y el Infante Don Fernando».
(7) Alcocer Martínez: «Castillos y fortalezas del antiguo reino de Granada».
(8) Requena, Fermín: Ibidem.
(9) Torres Balbás: Ibidem.
(10) Se habían cumplido dos años desde la fundación del reino nazarí granadino y Antequera ya destacaba por su situación geoestratégica.
(11) Crónica del rey Pedro I.
(12) Cabrera, Francisco, presbítero: «Historia de Antequera» (manuscrita del siglo XIX) Pág. 74.
(13) «... El original y populoso barrio de la Antequeruela del siglo XV ha quedado en la actualidad reducido a dos únicas calles, Antequeruela Alta y Antequeruela Baja.» Melero Vargas, Miguel A: «Antequera en Granada. El barrio granadino de la Antequeruela».
(14) Requena, Fermín: «El castillo de Archidona o fortaleza de Raya», «La fortaleza de Bobastro», «El castillo de Ronda», «El castillo de Aracena»... También Sebastián Fernández López realiza en su artículo «El aparato defensivo- militar antequerano en la Edad Media» (en «Revista de Estudios Antequeranos», V. II. 1993) las fortalezas de Aznalmara, Cauche y Gebar.
(15) Melero, Miguel A.: El sueño de Al- Karmén», en El Sol de Antequera. 24/11/01.

por MIGUEL ÁNGEL MELERO VARGAS, Historiador

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