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 Antequera se dispone a celebrar el CCLIV Aniversario de su Real Feria de Agosto


 

Vivimos unos tiempos en los que parece avergonzarnos el pasado. El pasado, no debe avergonzar a nadie, entre otras cosas, porque casi nadie de los que lo rememoramos tomamos parte en él. Lo recordamos, como páginas vividas de la historia de nuestra ciudad, historia que tiene sus cosas buenas y sus cosas menos buenas, y no será la primera vez en que un cambio por cualquier motivo nos presente las cosas... al revés.

Los antequeranos debemos presumir de nuestro pasado, tomando nota de lo positivo y de lo negativo, para ahondar en lo primero y evitar lo segundo. Pero ahí están esos cinco mil años de historia que, con lo bueno y con lo menos bueno, nos han ido conformando hasta lo que somos. De sabios es rectificar, dice el viejo refrán. Practiquémoslo.

Entre esas páginas de la historia antequerana, hay algunas que nos llenan de orgullo, que demuestran una Antequera adelantada en muchas cosas. Antequera tuvo uno de los primeros asentamientos humanos materializados en inmortales obras, fue la primera ciudad castellana y cristiana de la provincia en 1410; Antequera tuvo la segunda imprenta de Andalucía; Antequera fue conocida como la «Atenas andaluza»... Y muchas otras cosas en este sentido.

Bien; pues, por las fechas en que estamos, recordemos que Antequera fue avanzada también en el mundo de las Ferias, como hoy se conocen, anticipándose, ni más ni menos que a la mismísima de Sevilla. Como suena. Datos fidedignos hablan. Así, en 1748, Fernando VI, a instancias del Ayuntamiento de Antequera «y de los fabricantes de bayetas, principalmente para remediar la decadencia de aquella industria», solicitaban a la Corona licencia para celebrar una Feria, que fue otorgada en ese año mismo de 1748, acompañada de «licencia de los derechos reales», que era algo que también se perseguía, como factor para promover un incremento de ventas, pues a la Feria se desplazaban muchos comarcanos, que encontraban una especie de «rebajas» -nada hay nuevo bajo el sol- en esos descuentos por los impuestos reales que gravaban las producciones.

La Feria se concedió por un plazo de diez años, y en 1760, el regidor don Juan Tomás de Santisteban, se volvía a dirigir al Rey, para pedirle que suspendiera la licencia. Las crónicas de la época tachaban al señor de Santisteban «de caduco, roñoso y poco hábil», al achacar a la feria otros problemas de la ciudad... pero quien manda, manda, y se nombró una comisión integrada por el citado regidor y por don José Zarco -que tal le andaba-, para pedir al Rey que «se dignase mandar que cesara la feria y la franquicia concedida a la ciudad en 1748». Expusieron éstos, que «los más de los gremios y muchos particulares, vecinos, eclesiásticos regulares y seculares, le habían solicitado para que propusiese los graves inconvenientes que se experimentaban en la feria», añadiendo que «sin beneficiar nada, por el contrario producía mucho dispendio», así como «molestias por parte de la forastería». El Rey, claro, actuó de acuerdo con lo que pedían sus súbditos antequeranos, y anuló la licencia, pero pronto se comprobó que la Feria era provechosa, y entonces resultaron ser menos los que pedían se anulara.

Cuando se echaban de menos las tantas visitas de los feriantes, el movimiento de ventas y los beneficios que, dijeran lo que dijeran, producían a la ciudad, de nuevo el Cabildo Pleno del Ayuntamiento celebrado el 28 de mayo de 1768, por «mayoría de votos y previo un larguísimo debate e informes de sus capitulares», acordaba suplicar a S.M. El Rey entonces reinante, Carlos III, «se dignase continuar el previlegio de la feria y su franquicia, remitiéndose el informe al intendente por mano del procurador general».

Costó trabajo convencer a las autoridades, tanto que tuvieron que pasar veinticinco años para que S.M. El Rey Carlos IV, mediante Real Cédula expedida el 2 de agosto de 1793, reinstaurase la Feria, restituyéndole su carácter de Real, y fijándola, PRECISAMENTE, en los días 20, 21 y 22 de agosto, fechas que hemos defendido desde estas páginas a ultranza, a veces a costa de incomprensiones absurdas.

No se exagera por tanto, cuando se califique a nuestra Feria de Agosto de Real Feria, de dos veces «Real». ¿Tiene esto alguna importancia? ¡Claro! El reconocimiento a lo que la ciudad suponía en toda la comarca, la «importancia» de quienes elevaban estas peticiones al Rey hasta lograr que las aprobara. ¿Sirve para algo? ¡Claro! Para que intentemos quererla más, reconocerle su importancia en el pasado y luchar porque lo mantenga en el futuro...

por ÁNGEL GUERRERO FERNÁNDEZ

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