La
Feria de Mediodía se ha dividido en tres vertientes: las casetas,
la Calzada y los restaurantes. Hubo menos altercados de orden público
que en 2001, pero hay que estudiar cómo potenciarla.
Comenzando por San Luis, nos encontrábamos con una remozada Caseta
del Rocío en los Salones de
Pura P. Valle, sin duda, la más fresquita de la feria. El buen
servicio de la acreditada cocina de la familia descendiente de Pura
P. Valle, se comprobó en sus platos. Le vino muy bien la nueva
vecina, la de la Cofradía
del Consuelo, frente al Cine Torcal.
Da gloria ver el buen ambiente: llenazo en las horas puntas, multitud
de directivos y simpatizantes del Jueves Santo.
Seguimos hasta llegar a Villodres, donde tropezamos con La
Caseta del Mayor, promovida por el
Centro de Día y por el Área que dirige la edil Pepa Sánchez.
Nuestros mayores disfrutaron del selecto ambiente y de las distintas
actuaciones que se promovieron. Camino de San Francisco, la pionera
caseta de Los Estudiantes,
que aglutinó cientos de visitas durante todos los días,
fruto de su reconocida cocina y amplio espacio.
Ya en calle Obispo, la Cofradía
del Rescate estrenaba con éxito
su nueva caseta, donde los devotos y simpatizantes de los sagrados titulares
de la Trinidad, se acercaron todos los días para colaborar con
su Martes Santo. Cerca de la Calzada, los del Mayor Dolor, quienes renuncian
a la de noche por el poco apoyo y los inconvenientes de un real donde
no se fomentan a las andaluzas. Volviendo al mediodía, magníficas
instalaciones en el pub de calle Obispo, con amplio número de
mesas y variada cocina, con el buen servicio sabido de los del
Mayor Dolor.
Ya, en esquina con la plaza de las Descalzas, la caseta de la Cofradía
del Socorro la única que mantiene
ya de día y de noche. Edificio sinigual, llenazo a tope todos
los días, buen ambiente y extraordinaria cocina.
Y ya lejos del centro casetero, los de Los
Dolores, en el callejón de
Urbina, donde estrenaban sitio al perder el que disponían en
Fernández Viagas. Mucho trabajo el que realizaron los Servitas,
contando con el apoyo incuestionable de sus simpatizantes, a los que
no les importó que se alejaran del centro. Y junto a ellos, Santiago
montó la suya en su plaza, con ambiente ecuestre y grandes toldos.
Fuera de las casetas típicas, los bares de la Calzada. Dos ambientes
distintos. El primero, el formado por el Madrona,
Manolo Bar, Salón Torcal y
otros bares, con más decoro, buenas tapas, baile, música
y ambiente. Y por otro, el de los pubs y bares de copas más próximos
a Obispo, donde se sucedieron las pocas peleas y la continúa
guerra de cubos de agua y de barro, propiciada por jóvenes intrépidos.
Al final, no hubo la misma música en toda la calle, como se comprometieron
con el Ayuntamiento.
Antonio J. Guerrero