En vida, llamó a todas las puertas posibles para afrontar la lucha contra el cáncer. Desde el año 2018 se aferró a seguir viva y, cuando los pronósticos eran complicados, se ofreció a que investigaran en ella para ayudar a futuras personas con cáncer. Pero en la noche del ya 15 de septiembre, viendo que ya no había más puertas a las que llamar... decidió llamar a la de Cielo y comenzar la batalla desde allá arriba.

 

Carmen Acedo Sánchez tenía 48 años, casada con José Piñero, con quien tuvo dos hijos: Jesús y Carmen. De familia muy conocida en la ciudad, con fuerte arraigo en el Portichuelo, desde donde se trasladó a La Quinta. Aunque el 7 de septiembre se le vio con su fuerza de siempre al ser nombrada madrina de honor del proyecto “El Árbol de las manos” de Aventura Solidaria, deseaba poder llegar al día de su inauguración; pero no pudo. Días después sufrió un nuevo contratiempo en su salud hasta que nos dejó de madrugada, rodeada de los suyos.

En el Día del Cáncer de Mama de 2020, nos paró en el Ayuntamiento en el homenaje a Conchita y nos pidió que la entrevistáramos para contar su historia antes de que no lo contara ella, con su particular forma de decirte las cosas: directa y con su eterna sonrisa. Cita que cuadramos para el Día Mundial del Cáncer el 4 de febrero. Entrevista que realizamos por vídeollamada y con reportaje fotográfico en El Henchidero, uno de los rincones que más le gustaban a ella para pasear.

Hace semanas, en una de nuestras últimas conversaciones nos decía: “La investigación conmigo puede que le pueda venir muy bien a muchas mujeres”, ya que cuando percibió que la metástasis era ya parte de su cuerpo, no quiso arrojar la toalla: “Estoy apuntada a todo en el Clínico de Málaga”, así como viajó a varios hospitales de España.

Una entrevista en la que ambos sabíamos que era su despedida en forma de testimonio, pero sin entrar en tragedia ni pesimismo, “aunque el cáncer de mama sea color rosa, el cáncer no lo es”. Una vez que ya te diagnostican cáncer, “para mí lo primero que pensé es que yo me moría y que no iba a tener solución. Siempre hay, yo lo llamaría como un duelo, entre tú y tú, no hay más. Y en ese duelo es cuando tú te tienes que activar. Lo hablas con quien lo tengas que hablar, rezas lo que tengas que rezar, lo cuantas a quien se lo puedas contar… lo que yo más recomiendo es que se busque siempre mucho apoyo”.

Al principio “pensé en mi madre, que es mayor, y en mis niños porque eran mis niños y podían quedarse sin su madre y mi madre se quedaba sin su hija. Ahí empezó lo que es la lucha”. Su familia y sus amigos han sido vitales en su lucha: “Yo tengo mucho apoyo por parte de Antequera entera, no te puedo decir de nadie que no me haya hecho un simple mensaje y eso es muy importante”.

Al cáncer “lo llamé enemigo, intruso, okupa… lo he llamado de todo. Ya no; yo ahora lo llamo fuera de mí, ahora le canto y le bailo… Ya no lo llamo ni cáncer porque tuve una temporada, hasta hace poco que sí lo hacía… Yo siempre le he llamado mi cáncer y yo digo: ¡cómo que mi cáncer! Yo a todo lo que digo que es mío es que lo quiero, fue una cosa como que reaccioné y dije: ¡No, esto no es mío! Porque esto no lo quiero, o sea, que fuera de mí. Ahora ya no le pongo nada”.

Terminaba la entrevista con lo que sentía estaba por llegar: “A la muerte no la dejo yo entrar; yo la he visto en un espejo y es muy fea… no me asustó porque todo es tan sencillo como que podemos cruzar la calle, viene un coche y por un despiste te lleva para adelante  y… o personas que se pueden morir de pronto…”.

Sus últimos meses los afrontó con esperanza de ayudar al que empezara su camino: “Vamos a seguir peleando que es que esto lo reduzcamos, que cuando digamos la palabra cáncer, digamos que tengo cura… Yo doy ánimos y esperanzas a las personas que les digan que tienen cáncer porque les digo que se sale de ésta, se pasa mal, no se puede engañar a nadie, pero se sale y esas mismas personas van a sacar una fuerza que ni ellas ni ellos creían que la tenían”.

 

Una mujer que deja huella y que será recordada

Carmen estuvo muy vinculada con diferentes colectivos, sociales y vecinales, de lucha contra el cáncer. Te decía las cosas sin tapujos, con respeto, directa y por un bien para ella y para los demás. En septiembre del año pasado ya sabía que esto tenía fecha, pero no lo mostró públicamente.

Ésta es la Carmen que conocemos y recordaremos. Luego está la otra Carmen, la que nació y creció en una familia muy querida, que deja huella en toda la ciudad. La que abrazaría y besaría a los suyos: a su marido, sus hijos, sus hermanos, familiares y amigos...

La Carmen que se despidió públicamente en el acto de Aventura Solidaria el pasado 7 de septiembre...Y claro, como ya no había más puertas a las que llamar, decidió en la madrugada del ya día 15, abrir la puerta del Cielo para buscar ayuda divina para terminar de una vez con esta enfermedad que llama a todas las familias.