En un mundo donde las prisas y las agonías con hacer las cosas rápidas y al instante, es complicado encontrarte con una persona que nadie te hable mal de él porque siempre tenía paciencia, buen hacer y fuerza para encontrar una solución a todo lo que esté en sus manos. Así era el carácter de Francisco Calvo Artacho, quien con tan solo 67 años, descansaba en Paz el pasado  sábado 13 de enero, tras unas semanas luchando con la muerte.
 
¿Quién no lo conocía, primero en la Caja de Ahorros de Antequera y luego en Unicaja? Tenía el don de escuchar, de atender, de recomendar todo lo que él conocía para ayudar a quien lo pedía. Su sonrisa, su forma de habla era un bálsamo para quienes buscaban alcanzar un sueño, mejorar la situación o remediar las circunstancias que se te plantean en la vida. El dinero, poderoso caballero es don dinero, decía Quevedo.
 
Luego, Francisco formó parte de esa directiva entusiasta del Club de Tenis Fuentemora, en la que en los años 80 se dio a conocer la pasión por un deporte y un lugar donde creció una familia formada por amigos que tenían una parcela para jugar, hablar, comer, divertirse, bañarse, ayudarse, convivir en Fuentemora.
 
Otra faceta de su vida, la cofrade. Devoto del Señor del Mayor Dolor y del Señor de la Salud y de las Aguas (no faltaba con su vela a alumbrarles con su familia), y formó parte de un grupo de amigos junto a Francisco Jiménez Machuca, Antonio Cordón Ríos y Antonio Carrasco Orellana, con quienes fue secretario y tesorero de La Paz durante cerca de 20 años. Unos tiempos en los que la Cofradía de ‘Abajo’ mantuvo en pie un templo que arrastraba desde hace años problemas serios, pero buscaron cómo reformarlo y restaurar su templo... a falta de la barandilla de la casa hermandad, como dice el bueno del arcipreste padre Antonio Fernández.
 
Y cuando menos se lo espera, se sintió mal en octubre pasado y desde entonces ha estado luchando hasta el último momento, siempre acompañado y sintiendo el cariño y amor de su esposa Pilar Guerrero Ruiz y sus hijas Eva y Pilar, de las que tanto presumía. Descansa en Paz, el bueno de Paco Calvo, el esposo, el padre, el ejemplo de trabajador de banco, el amigo de Fuentemora y el cofrade devoto de la Cofradía de ‘Abajo’. Un golpe de campana de su amigo Antonio Cordón le habrá abierto las puertas del Cielo con la imagen del Dulce Nombre a los pies de la Virgen de la Paz. Nuestras condolencias para su familia y sus amigos, destrozados por la pérdida de otro hombre bueno: Paco Calvo.