El pasado día 23 de diciembre, perdimos todos a una gran mujer, María José Carrasco Carrasco, antequerana de pura cepa, enamorada de su familia, amigos, profesión, pueblo y, sobre todo de la vida. Supo aprovechar y saborear todos los momentos buenos de su existencia, y quienes tuvimos la gran suerte de formar parte de su vida podemos dar fe de ello. Su alegría de vivir, su sonrisa y carcajadas constantes contagiaban a quienes se encontraban cerca de ella. 
 
Como buena profesora , supo inculcar a sus alumnos, de distintos centros de la provincia, su entusiasmo por sus enseñanzas. Como buena esposa supo mantener la chispa del amor viva durante los años que duró su matrimonio.
 
Como buena madre supo inculcar a sus hijos, que eran su orgullo, los valores que sus mayores le transmitieron. Como buena hermana, prima, tía y sobrina supo conservar e incrementar la unión entre todos. Y como buena amiga supo escuchar, ayudar y  hacer pasar los mejores y más divertidos momentos.
 
María José se nos ha ido esta Navidad, quizás así ha sido para que siempre la recordemos, pero hagámoslo como ella hubiese querido, con alegría y ganas de vivir. Para consuelo de todos los que lloramos su perdida, que somos muchos, tal como quedó patente en la iglesia de Los Capuchinos el pasado día de  Noche Buena, donde una gran multitud le dio su adiós en el más respetuoso de los silencios, os recuerdo un poema escocés que dice: Puedes llorar  porque se ha ido, o puedes sonreír porque ha vivido. Puedes cerrar los ojos y rezar para que vuelva, o puedes abrirlos y ver todo lo que ha dejado.
 
Tu corazón puede estar vacío porque no la puedes ver, o puede estar lleno del amor que compartiste. Puedes llorar, cerrar tu mente, sentir el vacío y dar la espalda, o puedes hacer lo que a ella le gustaría: Sonreír, abrir los ojos, amar y seguir.