Carmen Bueno Pérez nació el 28 de marzo de 1948, hija de Antonio Bueno Carmona y de Carmen Pérez Ruiz. “Mi madre era de la Virgen de los Dolores, ya que mi abuelo, Manuel Pérez Aguilera, y mi primo, Manolo Pérez Artacho, eran de la Virgen del Barrio de Santiago”.

 

¿De dónde surge entonces su devoción por la Virgen de La Paz?: “Viene de cuando salíamos a la Calzada, donde estaban Las Hermanitas de los Pobres antiguamente. Me acuerdo que pasaba una imagen y había que estar por lo menos una hora y comentaba la gente: ‘¡La Socorrilla lleva las alhajas de la Sarraillesa y la otra venía sin tanto brillo. Y eso se me quedó a mí en la cabeza y yo decía que tenía que ayudarla y empezó a gustarme más y más”.

 

Carmen estuvo muy relacionada con las monjas de La Victoria: “Yo estuve con ellas hasta los 18 años donde hice los ejercicios espirituales y estuve a punto de quedarme con ellas. A mí me hubiera gustado mucho haber sido monja, pero la vida me llevó a seguir por otros lados. Guardo buenos recuerdos de Sor María del Valle, Sor María Nieves, Sor Inés, Sor Teresita...”.

 

Y tras su experiencia religiosa, ¿cómo siguió su vida?: “Yo estuve en la Confitería La Gloria y después de cajera en un supermercado en la Carrera, que era de los Mola, y es ahí donde conocí a mi Pepe. Él venía del campo con una moto y paraba allí y siempre miraba para dentro y cuando salía me echaba un guiño. A lo mejor en dos o tres días no venía, pero volvía de nuevo y seguía guiñándome. Yo un día lo paré y le dije que por qué lo hacía y me fui. Más tarde lo vi ante la cartelera del Cine San Pedro, y me dijo por qué corres tanto, y con la que ibas ayer, y me dijo si podía quedar un día conmigo y le dije no. Y a los dos o tres días, vino de nuevo y estaba allí parado, pero como era guapísimo y empezó a gustarme y mira... terminamos juntos: fue el amor de mi vida. Yo tenía 15 años y el 17. 50 años hemos estado juntos hasta el 25 de marzo de 2015 que me dejó sola aquí en la tierra. Y fue cuando empecé a pensar qué hacer con el dinero existente: ayudar a ADIPA a empezar a construir una residencia para mayores y ayudar a la restauración del patrimonio de la Cofradía de La Paz”. 

 

 

 

La Virgen de La Paz: de devoción a ayudarles a mantener su patrimonio

Carmen nos dice que “yo nunca he salido en la procesión, ni nada, a mí solo me gustaba verla en su procesión. Más tarde me gustaba verla en la calle Cantareros, donde algunas veces la he visto en casa de los Ruiz, a los que ayudé en sus quehaceres”. Dicen que La Paz y el Socorro se han llevado muy mal: “Pues sí, había malos gestos entre algunos cofrades, pero ya hoy todo ha cambiado. A mí ahora me gusta  verlas en la Plaza de San Sebastián, que es muy agradable y muy bonito verlas pasar”.

 

¿Qué es lo que le apasiona de la Virgen de La Paz?: “Su dulzura, tiene una cara muy preciosa y muy dulce”. ¿Y cómo surge lo de donar el coste de la restauración de sus mantos, la túnica y los faroles?: “Pues llevaba muchos, muchos años ofreciéndome, pero no me hacían mucho caso. La persona que me convenció a ayudarles fue Paco Calvo, que para mí lo fue todo, mi consejero, mi amigo, la persona con la que más relación he tenido con la Cofradía. Y después de muchos años, salía yo de una misa de la Trinidad y le pregunté a la hija de la camarera si de una vez se iban a poner a arreglar los mantos y me dijo que no había dinero y que estaban buscando cómo encontrarlo”.

 

Y fue cuando “paré un día a la hija de Antonio Rodríguez, que está en la Directiva y le pregunté que quería ayudarles y me dijo que tenían ya unos  presupuestos y le dije que cuánto salía todo y al decirme la cantidad, le dije que podría ayudarles a conseguirlo y le di mi teléfono a Ernesto, el hermano mayor. Y me llamó y nos reunimos y ya en la iglesia, estaban un día los que están haciendo las labores, que aunque son de Málaga, han montado una oficina aquí. Extendimos el manto negro por el suelo, que estaba recortado, le faltaban partes; y el otro estaba liado en un tubo, y hacía falta arreglar una túnica del Niño Perdido y los candelabros del Dulce Nombre. ¡Y ya hemos conseguido hacer el manto azul, la túnica del Niño y los faroles!”. Nos deja sin palabras: “Mira, cuando nos morimos, nos vamos y dejamos todo lo que tenemos aquí. Pepe y yo no pudimos tener niños, y lo poco que tenemos, ¡qué mejor que compartirlo con lo que deseamos, lo de ADIPA, y con lo que hace años deseé: ayudar a que estuviera más guapa la Virgen de La Paz!”.

 

 

¿Qué sentirá este Viernes Santo al ver a la Virgen, más bonita aún, con el manto azul restaurado gracias a usted?: “Me emocionaré y me acordaré de mi Pepe porque nos poníamos en San Luis a verla de pasar hasta el último año que lo tuve a mi lado”. Tras tener encaminada su ayuda con La Paz, a ver si lo de ADIPA recibe más ayudas: “ADIPA me da a mí mucha pena de ver esos niños y pensar que se quedan solos cuando se les vayan sus padres, por eso decidimos ayudarles en lo que podamos. Espero que la ciudad se vuelque con ellos, porque les haca falta. Yo sé que el alcalde Manolo Barón les quiere mucho también y como lo considero un buen alcalde, estoy seguro que buscará cómo ayudarles más”.

 

Así es Carmen, que no tiene cargo ninguno, ni directiva, ni camarera ni busca estar en primera fila. Lo único que presume es que es... devota de su Virgen que por la memoria de su marido está haciendo posible que restauren sus antiguos bordados. Más que un ejemplo. Más información, Especial de Semana Santa de El Sol de Antequera de 2019(pinche aquí y conozca dónde puede adquirir el ejemplar) o suscríbase y recíbalo en casa o en su ordenador, antes que nadie (suscripción).