A lo largo del camino de la vida, la persona puede experimentar momentos de oscuridad y sufrimiento, en un mundo lleno de contravalores e injusticias. En estas circunstancias, a veces no es fácil pasar de la tristeza y el miedo a la convicción y la alegría. En la Palestina de los tiempos de Jesús las desigualdades estaban muy presentes. En esa realidad social, Jesús opta de forma evidente por todos aquellos seres que tenían su vida disminuida y muestra especial predilección por los despreciados de la sociedad. 
 
Entre los marginados se encontraban, entre otros, los enfermos, los endemoniados, los extranjeros, los niños y las mujeres, todos ellos considerados seres sin valor. Jesús elige a los últimos para hacer presente el Reino de Dios en la tierra y a una mujer, María Magdalena, para ser portavoz de la Resurrección, fundamento de la fe cristiana.
 
María Magdalena inundada por el amor de Cristo y colmada de libertad decide romper con sus miedos y dejar atrás sus tristezas y desalientos para ir al sepulcro, un ámbito de muerte, convirtiéndose en la primera testigo de un hecho glorioso, nuevo y trascendental, la Resurrección de Jesucristo. La Resurrección de Jesucristo es el amanecer de una nueva vida, es pasar de la oscuridad a la luz, es la aurora de un nuevo tiempo. La Pascua es, por lo tanto, momento para testimoniar la fe y un reto para nuestras circunstancias concretas, sociales, comunitarias y personales.
 
Celebrar el Domingo de Resurrección es un hecho muy especial. La Pascua, la Resurrección del Señor es un día grande porque da sentido a la vida y a la muerte. Es el amanecer a la vida espiritual y distinta a lo que hemos visto hasta ahora. Es el inicio de un tiempo nuevo, lleno de alegría, paz, amor y gozo. La experiencia de la Resurrección, es la gran experiencia cristiana por excelencia, esencial y decisiva, que comenzamos a celebrar singularmente a lo largo de este tiempo de Pascua: sentimos que Jesús vive. Proporciona un gran sentido a la vida, ayuda a ver con mirada de fe los acontecimientos de nuestro día a día, a desenmascarar los contravalores y a embarcarse en la misión comprometida de levantar lo más caído, en la persona y en la sociedad. 
 
Muchos cristianos hoy día dan testimonio de ese Cristo resucitado: atienden a los últimos, cuidan a los desfavorecidos, acompañan y curan a enfermos, luchan y trabajan por la justicia. Actualmente cada uno de nosotros, somos los encargados de comunicar la verdad de Jesucristo Resucitado, debemos transmitir con hechos y con palabras que Jesús es el cimiento de la nueva historia, la piedra angular del nuevo edificio que llamamos sociedad justa y fraternal, el Reino de Dios.
 
A nosotros también, nos deben despertar las voces de la Resurrección, en la causa de Jesús, que es la Vida, una vida digna, plena y con sentido. La Resurrección de Jesús es el triunfo del bien sobre el mal, la gracia sobre el pecado, de la vida sobre la muerte. Pero no se trata solamente de que celebremos la Resurrección de Jesús, si no, también, nuestra propia resurrección del bien que llevamos dentro sobre el mal, es el día de expresar nuestro amor, nuestra comprensión, de compartir y compartirnos. 
 
Todos los días son buenos para resucitar, pero el Domingo de Resurrección, es un día perfecto para renovar nuestro amor en el corazón de Dios, a la nueva vida, y para restablecer nuestro espíritu evangelizador de llevar la buena noticia a los demás. Donde florece la vida es Pascua, porque sólo donde florece la vida está Jesús. Es la hora de salir a la calle llenos de Vida y mirar al horizonte con esperanza e inundados de caridad y alegría, estar atentos e iniciar caminos nuevos en medio del desconcierto y la oscuridad, transmitir las experiencias que nos da la vida y que es vida. 
 
Jesús está en medio de nosotros y debemos anunciarlo. ¡Que nuestro corazón en Cristo resucitado vuelva a arder de fe, esperanza y caridad! Más información, Especial de Semana Santa de El Sol de Antequera de 2018 (pinche aquí y conozca dónde puede adquirir el ejemplar) o suscríbase y recíbalo en casa o en su ordenador, antes que nadie (suscripción).