De “Real” nos queda hoy en el recuerdo el doble título dado por los monarcas Fernando VI en 1748 y por Carlos IV en 1793, quienes fijaron del 20 al 22 de agosto (este año se hace del 21 al 25) para la venta de mercancía. Luego en 1856 surgió la de Primavera para compartir la respuesta de venta del sector agrícola y ganadero.
 
De todo ello, Agosto se ha ido transformando en unas fiestas veraniegas con ambiente en las casetas, duplicidad de escenarios en el Centro y en el Recinto Ferial, y gran peso de las actuaciones musicales. Aprovechamos estas páginas para recordar cómo narraba ‘El Sol’ las fiestas de hace 100 años, las de 1919 con la música, luces y toros como protagonistas.
 
Como ya hemos recordado en más de una ocasión y por citar siempre a quien recabó la información, Ángel Guerrero, recogía en uno de sus artículos publicados en estas páginas que Fernando VI había efectuado a la ciudad la “Real concesión de una feria a celebrar los días 20, 21 y 22 de agosto, a instancias del Cabildo Municipal y de los fabricantes de mantas y bayetas”. 
 
Todo vino por la necesidad que observó el Ayuntamiento de Antequera en el sentido de promover la posibilidad de que los antequeranos se abastecieran de mercancías que, normalmente, no existían en la ciudad. Pero sucedió que, una vez concedida esta feria, “el vecindario se quejaba de ella por las extorsiones y molestias causadas por la forastería”, a causa de lo cual la Feria se suspendió durante varios años. 
 
Luego se comprendió que eran mayores los beneficios que las molestias que se pudieran ocasionar a unos pocos de vecinos y volvieron las autoridades locales a andar todo lo desandado hasta conseguir que el 2 de agosto de 1793, el Rey Carlos IV, concediera al Cabildo Municipal de Antequera el privilegio de nuevo de Real a la feria que se celebraba en nuestra ciudad entre los días 20, 21 y 22 de agosto.
 
“Y tan buen resultado dieron esas Ferias, tanto facilitaron los fines propuestos de intercambio de mercancías, que, unos años después, las fiestas de Antequera se incrementarían con la Feria de los días 31 de mayo y 1 y 2 de junio”. 
 
Fue el 24 de abril de 1856, cuando, según reproducción literal de un documento municipal, el “Ayuntamiento Constitucional de esta Ciudad, deseoso de promover por todos los medios posibles el bien estar y el fomento de los intereses de sus administrados, considerando ser uno de los más a propósito multiplicar las transacciones mercantiles, y proporcionar elementos de vida y prosperidad la industria y la agricultura, ha solicitado y obtenido del Gobierno de la Provincia autorización para celebrar una feria anual en los días indicados, sin perjuicio de la que por concesión antiquísima tiene lugar del 20 al 22 de Agosto”.
 
Y consultando sobre los sitios convenientes para establecer “ha elegido para el mercado el Cerro de la Cruz y hazas de la cañada de la pólvora que por su proximidad  a la población y el excelente aguadero de la acequia alta ofrecen cuanta comodidad pudiera apetecerse; y para la colocación de las tiendas y efectos de lonja da la Trinidad, Cruz Blanca y calle Lucena, hasta las esquinas de Madre de Dios, puntos cuya situación presentan todas las ventajas posibles. La circunstancia de ser dicha feria libre de derechos y la hermosa estación en que ha de verificarse, inspiran a la Municipalidad la esperanza fundada de que la concurrencia será tan brillante como desea, y las especulaciones y negocios tan útiles como se propone”, ratifica el 24 de abril de 1856 el alcalde Francisco Joaquín de Aguilar, siendo secretario Joaquín de Lara.
 
 
La Feria de Primavera como complemento de la Real de Agosto
Ante ello, el Ayuntamiento de 1856 prioriza la de Agosto sobre la de Primavera “por concesión antiquísima tiene lugar del 20 al 22 de Agosto”. Con el paso del tiempo, la Feria adquiriría un marcado acento agrícola: la oferta y venta de producciones agrarias antequeranas, la adquisición de útiles agrarios y de fuerza animal, y más tarde de la maquinaria agrícola, tenían unas fechas fijas al año. 
 
La Real Feria de hace 100 años, la de 1919
Se desarrolló del martes 19 al domingo 24 de agosto. Para abrir fiestas “a las cuatro y media de la tarde, lle­gada de las Bandas de música milita­res del regimiento de Borbón y Alava” y por la noche, fuegos artificiales.
 
Unas fiestas que llenaron a la ciudad de “infinidad de viajeros que desde el día anterior al de los festejos, daban a la ciudad aspecto de gran urbe”. Los “hoteles, fondas, posadas y casas particulares eran insuficientes” y donde solo se lamentó un accidente “en que a una niña cogida por un carro, fue preciso cortarle un brazo”.
 
El miércoles abría la feria de ganados con diana por la Banda Municipal de Música ¡a las 7 de la mañana! Por la tarde, se anunciaba el descubrimiento de una “lápida al Excmo. Sr. D. Fran­cisco Romero Robledo, con asisten­cia de las autoridades”. Pero no se realizó: “¡Otro número del programa que queda incumplido, y la comisión de festejos tan satisfecha!”.
 
Y en el entonces Paseo de Alfonso XIII, Fiesta de la Flor, a beneficio del Ropero Escolar. Para terminar, “gran iluminación eléctrica en el Paseo, y primer concierto por las bandas mi­litares”.El 21, comenzaron los festejos taurinos ¡a las 17,30 horas! con la “acreditada ganadería de D. Ricardo Goizueta y Hermano (antes Gamero Cívico), por los valientes diestros” para Paco Madrid, ovación y una oreja; Diego Mazquiarán “Fortuna” y José Flores “Camará”, que estuvieron muy bien en sus primeros toros y muy mal en sus segundos.
 
En este 1919 son sustituidos los asientos de madera, por lajas de piedra del Cortijo Palanco, sobre gradas de mampostería. Al día siguiente, de nuevo el mercado de ganado, música de las bandas, iluminación en el Paseo, pero antes segunda corrida de toros, esta vez con ganadería de la viuda e hijos de Gallardo de los Barrios, de nuevo para Madrid y Fortuna al que se les unía “El Gallo”, que estuvo memorable en el cuarto toro de la tarde, donde toreó sentado en una silla y con dos abanicos que le tiraron desde los graderíos; Paco Madrid, que cortó cuatro orejas y Fortuna, que estuvo mal. Hubo lluvia y un vendaval a pesar de lo cual nadie se retiró de la plaza hasta el final de la corrida.
 
Ya el sábado 23, “a las cinco de la tarde, en el Salón de Actos del Excmo. Ayuntamiento, re­parto de Cartillas Escolares a los niños asistentes a las Escuelas públicas”. Y a las 19 horas, “batalla de flores y serpentinas en el Paseo de Alfonso XIII, con asistencia de las bandas militares”. Y a las 22 horas en la Plaza de Toros, concierto de las bandas de Borbón y Álava.Para terminar el domingo 24, tras la diana, bendición de automóviles en el Paseo, y por la tarde “novillada con caballeros en Plaza, en la que serán rejoneados dos novillos-toros por el singular rejo­neador español don Basilio Barajas” para concluir con cuatro novillos poniéndose al frente Esparterito y Piedrola.
 
Y todo como culmen a unos días con “bailes y verbenas en los círculos de recreo, cinematógrafo, compañía de zar­zuela, circos ecuestres y demás espec­táculos durante los días de fiestas, que anunciarán programas y carteles”.
 
Terminaba una feria a cuyo término se pedía la colaboración ciudadana para encontrar “una pulserita de niña, con tres medallitas colgantes; y un llavero con tres llaves de arcas...”.
 
Concluimos con el resumen que hacíamos hace 100 años: “Nuestra impresión final es, que la feria ha sido magnífica en lo que afecta a la intervención que en la misma han tenido los agentes naturales de este bendito rincón andaluz, pero que ha faltado una organización ordenada para que con el natural éxito se llevara a la ejecución cada uno de los números del programa”. 
 
 
 
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