Este domingo 20 de agosto, la goyesca de la Real Feria de Agosto de Antequera despedirá a un maestro de los grandes, forjado de las dinastías de los Ordóñez y los Rivera (por cierto a 35 años de que toreara aquí por última vez su padre, entonces el 21 de agosto de 1982). Su abuelo, Antonio Ordóñez, “cortó” la última “pata” que se otorgó en nuestro ruedo, y su padre, Francisco Rivera “Paquirri” cosechó las mejores faenas en nuestra ciudad.Tras su primera aparición en 1991, han pasado 26 años, con cinco apariciones como novillero con ocho orejas y como matador de toros, ha estado en 15 carteles y una clase práctica taurina, consiguiendo 23 orejas, saliendo por la puerta grande en 14 ocasiones.

Entre Antequera y Ronda, Ronda y Antequera, entre 1991 y 2017, un torero, Francisco Rivera Ordóñez “Paquirri”, ha dado todo por el mundo del toro, cortándose la coleta en unos días en Ronda, pero antes, se despedirá de Antequera.
 
Entre su gira de despedida y entrenamientos, conseguimos hablar con él, preguntándole qué significa para él el nombre de nuestra ciudad: “Antequera es una de las plazas donde más he toreado yo. Es un lugar donde la afición te acoge como uno de los suyos, por lo que me siento como parte de ella. Mi segunda novillada fue aquí, en una plaza que tiene una especial sensibilidad, y ahora casi me despido en ella”.
 
Ser de los Rivera y Ordóñez es casi obligación ser torero, ¿por eso lo decidió?: “Soy torero porque lo llevo en la sangre, nació desde dentro y cuando pensé qué quería ser lo tenía claro: no había otra cosa en vida que quisiera ser que la de ser torero”.
 
¿Qué tiene Francisco de su padre “Paquirri”?: “No soy el más indicado en decirlo porque lo perdí muy pequeño y apenas lo recuerdo toreando, por lo que quien tuvo la suerte de verle torear, sabrá si tengo algo de él o no. Sé que hay cosas que le veo en vídeo a él en las que digo: ‘¡Lo que me parezco a mi padre aquí!’... como son los andares, el movimiento, poner las banderillas... cosas que no se pueden copiar, que salen desde dentro. Pero todo lo que digan que me parezco a mi padre, ¡no te imaginas la ilusión que me hace!”.
 
 
 
 
 
Perdió a su padre, y tuvo a otra leyenda al lado, su abuelo Antonio Ordóñez. “Más que abuelo, fue mi mentor, le tocó ser padre por las circunstancias de la vida, por lo que tengo muchos recuerdos de él. Podría estar hablando horas y horas y no pararía. Imponía un respeto a todo el mundo y a nosotros, más aún. Pero para mí era más mi abuelo que el maestro”.
 
Tras más de veinte años en los ruedos, ¿sigue el mismo hábito de preparar una faena o ha cambiado algo?: “Hago lo mismo que empecé haciendo el primer día. Me visto igual, sigo el mismo orden de la ropa, cuando me amarro los machos... no me gusta que nadie entre a la habitación del hotel. Y cuando voy a la Plaza me gusta que en la Capilla estén todas las luces apagadas y todas las puertas cerradas”. 
 
Cuando está delante del toro, ¿en qué piensa?: “En nada, delante del toro no te da tiempo a pensar, tienes que tener las ideas muy claras, saber a lo que estás dispuesto y lo que es más que importante: no pensar, reaccionar, tener la lección aprendida, vivir por y para el toro. Insisto, no puedes pensar, tienes que reaccionar ante lo que se te presente”.
 
Antequera, entre sus mejores faenas
 
En toda su trayectoria que llega estas semanas a su final, ¿con qué tarde de toros se quedaría?: “Gracias a Dios, me cuesta trabajo quedarme con una, ya que por suerte he tenido 1.800 corridas de toros, así que imagínate si tengo que decirte una. Ha habido tardes para todo. Especiales por lo vivido como la de Sevilla en 1996, en Zaragoza un mano a mano con Joselito con una gran intensidad, en Barcelona con  El Juli y José Tomás, con una tensión conjunta estando dispuestos a todo. En Madrid, en Valencia y en, Antequera, en 2005 con Espartaco y Manzanares, de las que fue una de mis mejores tardes”.
 
Le hemos visto poner las banderillas, ¡picar el toro!... ¿le queda algo por hacer?: “¡Ya no me queda nada, puse hasta la puntilla!... Tengo la suerte de estar a gusto en la plaza, donde soy feliz”.
 
Antequera, una ciudad donde también vuelve este año Julio Vera y su banda de las Tres Caídas: “Julio es amigo mío personal, tenemos una amistad muy especial, es el alma de las Tres Caídas y para mí el Cristo es todo...”. Nos confiesa que conoce que en el trono de Santa Eufemia hay una imagen pequeña del Cristo de su Triana.
 
Se acerca su despedida en Antequera, ¿qué le pide a la afición?: “No le pido nada, lo que quiero es darle todo el cariño recibido, que me salga un toro me deje desarrollar lo que llevo dentro. Quiero disfrutar de la afición, la de una ciudad que me ha ofrecido su duende, Antequera es especial. Quiero disfrutar y vivir intensamente todo lo que pueda para recordarlo siempre como una de las plazas donde me sentí como en casa y conseguí mis mejores tardes de toros”.
 
Ahí queda, el maestro Francisco Rivera Ordóñez “Paquirri” que añora sus años con Tito Pepe en la Peña Taurina de los Cabales, a cuya entrega de trofeos acudió siempre que pudo, llamado por su amigo Ángel Guerrero, quien lo siguió y entrevistó a pie de callejón en todas sus presencias. 
 
Aquí quedan en estas páginas sus declaraciones previas y la relación de todas su presencias en nuestro coso, a falta de su despedida en esta Real Feria de Agosto de Antequera de 2017. ¡Suerte, maestro, la puerta grande le espera! Más información, edición impresa sábado 26 de agosto de 2017 (pinche aquí y conozca dónde puede adquirir el ejemplar) o suscríbase y recíbalo en casa o en su ordenador, antes que nadie (suscripción).