Son fechas muy entrañables para todos, días de fiestas, comidas y regalos, pero no hay que olvidar que se promueve todo eso por un acontecimiento que cambió nuestra historia, nuestra manera de ver el mundo, nuestro pensamiento, nuestro modo de entender a Dios y de tratar al prójimo: El nacimiento de Jesús, el Señor. Que no se nos escape este grandísimo detalle no obviemos lo que es más importante, Dios se hizo hombre en su Hijo y vivió con nosotros. ¿No es esto la mayor alegría que puede tener el hombre que busca a Dios? 

Igualmente, estos días próximos a la Solemnidad de del Nacimiento del Salvador, las lecturas que la liturgia nos presentan están llenas de sentimientos de alegría, esperanza, fe y mucho amor. Dios envió a su Hijo para salvar al mundo y no para condenarlo. 

Desde Abraham hasta el último de los profetas nos vaticinan la llegada del Salvador, el Mesías, el Emmanuel, el Dios con nosotros que nacerá de una Virgen, Aquél que reinará para siempre y que su reino no tendrá fin.
 
En la lectura de este domingo, tenemos como protagonista a José, hombre justo de la estirpe de David. Aceptó la voluntad de Dios por medio de un sueño. José, hombre de Dios, confiaba en la Palabra de Dios y en las promesas hechas desde antiguo. Él no dudó como Zacarías, esposo de Sara y padre de Juan el bautista a manos del ángel que el mensaje tan extraordinario que le anunciaba iba a ser cierto: que María iba a tener un hijo y que se llamaría Hijo del Altísimo porque iba a ser concebido por el mismo Espíritu de Dios. ¡Qué fe tenía que tener José para aceptar y asimilar tan gran noticia! Si nos pusiéramos en su piel ¿seríamos nosotros capaces de tener esa fe ciega de José, o nuestras dudas empezarían a crispar nuestros pensamientos y sentimientos? 
 
 
   
 
Aunque el patriarca, el hombre, era el único que tenía voz y voto en la familia porque era él quien la mantenía, José pasa de alguna manera desapercibido en los textos, no olvidando que su función fue ejemplar como esposo de María y padre adoptivo de Jesús, de cuidar y mantenerlos. Fijaos bien que en los textos de la infancia de Jesús, José no pronuncia ni una sola sílaba de sus labios... él solo actúa, también porque los textos sagrados querían presentar a Jesús y a María como personajes principales, o únicos, de esta gran historia de Amor, de esta historia de salvación para el género humano.
 
Como decía al principio, estos días tan especiales en el que contemplamos este gran misterio de Amor de Dios para con el hombre en el nacimiento de su Hijo querido, en el “sí” de María, madre de Dios y en José su esposo; nos es fácil distraernos y no empaparnos de esta gran noticia para con el hombre. El hombre ya no está sólo, no se encuentra perdido, Dios se ha hecho hombre y vive entre nosotros. Ya no hay excusa. 
 
Preparemos un pesebre lleno de buenas obras, o por lo menos buenos propósitos para recibir al Dios con nosotros en nuestro corazón, no desaprovechemos un año más esta gran oportunidad que Dios nos brinda. ¡Feliz Navidad a todos! 
 
Misas del Gallo en Antequera 
· 18,30 horas: Capuchinos y Las Catalinas.
· 19 horas: San Sebastián, Santa Eufemia, Nuestra Señora del Loreto, Capilla de La Salle y Residencia de San Juan de Dios.
· 19,30 horas: Santiago.
· 20 horas: Belén, Los Remedios, Encarnación, Las Descalzas y Bobadilla Estación.
· 23,30 horas: Bobadilla Pueblo.
· 24 horas: La Trinidad, San Miguel, Inmaculada, El Salvador, La Victoria y San Pedro.
· 00,30 horas: La Colonia de Santa Ana.