De pequeño, muchos de los que amamos a esta tierra de Antequera, hemos crecido leyendo libros de nuestra ciudad y personajes. Entre ellos, siempre nos llamó la atención la vida de José María Fernández (1881-1947) quien pese a darlo todo por amor y pasión a su tierra, vivió una pobre vida y murió en soledad.

Hoy, pese a varias iniciativas tardías, se le empieza a reconocer algo, aunque aún desconocemos el legado que nos dejó. Nos viene al caso su figura porque tras él, en este tránsito de los siglos XX al XXI, su heredero es, sin duda, Cristóbal Toral, un genio que creció en el campo rodeado de las piedras de El Torcal, amparado entre chozas y miseria, pero que su don de crear arte por medio de su imaginación y pincel, le ha llevado a ser uno de los grandes referentes de la pintura española.

¿Y qué tienen que ver José María Fernández y Cristóbal Toral? Nos explicamos. Hace tiempo que el Colegio de Nuestra Señora de La Victoria se puso en contacto con nuestro Periódico para poder conocer de cerca al pintor, en el caso que pudiera visitarles alguno de los ajetreados viajes de maletas que realiza con frecuencia, pero a velocidad de un rayo.

Esta semana regresó para seguir trabajando con su catálogo, colocar medio centenar de nuevas maletas en el Museo y ser entrevistado por el Diario Sur. Tuvo una hora libre entre una y otra cita y no dudó en atender la invitación del centro escolar.

Así, este jueves 14 de febrero, a las 10,45 horas llegaba al centro educativo de la Carrera de Madre Carmen, abrumado porque fue en su búsqueda la directora Carmen María Gómez, quien le acompañó hasta la puerta donde le dio la bienvenida la Madre General de las religiosas de la Beata Madre Carmen, Inmaculada Ríos; la madre superiora del convento, Montserrat Fontecha y Sor Dolores Artacho.

Nada más llegar, sucumbió ante los árboles del patio, donde compartió su creencia que la belleza, la vida, no surge de la nada, hay algo que le da vida, mostrando su creencia espiritual. Sintió la curiosidad por una puerta que encontró al lado, a la que accedió quitándose la gorra que le protegía del frío, se trataba de la Capilla de la Beata Madre Carmen, mostrando su respeto hacia el santo lugar y mostrando su desde que Antequera pueda tener también su propia santa.

Al salir, las monjas le explicaron la vida de su fundadora y el artista agradeció que le dejaran entrar y reflexionar sobre la labor que hizo, destacando el buen ambiente que respiraba en el centro. 

Luego le explicaron que con motivo de la Semana Cultural ante el Día de Andalucía, los alumnos de La Victoria le iban a dedicar varias actividades, pintando maletas, escribiendo redacciones y visitando su exposición en el Museo de la Ciudad, desde los pequeños de 3 hasta los mayores de 16 años. Ante ello, se quedó sin palabras y... al abrir unas puertas llegaron a un patio donde toda la comunidad escolar, con más de seiscientos alumnos y su profesorado, le recibieron con una fuerte ovación, que emocionó al artista de 78 años.

 

 


‘Aprovechar el buen colegio que tenéis’

Los estudiantes montaron una composición de mochilas y maletas en el patio, todo rodeado de su cariño que tras la fuerte ovación, la Directora dio la palabra a alumnos del centro (Carmen González Guardeño, Claudia Reichelt Cebrián,  Marta Mir García y Ángel Montenegro González) quienes agradecieron su presencia en un día que ellos no olvidarán porque tuvieron entre ellos a uno de los personajes más destacados de la Historia reciente de Antequera. 

Tras ellos, Cristóbal Toral se dirigió a los presentes, agradeciendo el gesto que habían tenido con él, ya que iba con la idea de conocer a profesores (por cierto, entre ellos una sobrina-nieta, Celia Martínez García) o de dar una charla sobre su exposición, pero se encontró con la grata sorpresa e inesperada de tener a todo el colegio esperándole entre el patio y barandillas del edificio.

Pidió a los niños que aprovecharan el buen colegio que tenían para estar preparados para ser los hombres y mujeres del mañana, compartiendo con ellos que él no tuvo la suerte de ir a un colegio y ha llegado a lo que es con su esfuerzo y don, por lo que les insistió que dieran gracias por estar donde están y que se llenen de conocimientos para el día de mañana en el que cada uno podrá conseguir lo que se proponga si se esfuerza.

Para terminar, le obsequiaron una maleta dedicada por todos los que forman el Colegio de Nuestra Señora de la Victoria, así como los más pequeños se acercaron a él para abrazarle, unos para darles un papel para que les firmara y otros, entregándoles muestras de cariño en forma de corazones y palabras, gesto que volvió a sorprender al artista.Por eso, decíamos de su relación con Fernández.

El Colegio de La Victoria le ofreció una gran ovación, una muestra de afecto de las que emocionan, de las que estamos seguros que significaron más para Toral, que muchos de los premios recibidos por su carrera artística. 

Antequera, por medio del Colegio de Madre Carmen, “curó” la herida que Antequera le hizo a José María Fernández: el no reconocer en público su valía.

Así nos lo confesaba Toral horas después, que venía para unos asuntos diferentes y se iba muy agradecido por la muestra de cariño que no olvidará, compartiéndola, con todos los artistas de la tierra, entre ellos su admirado José María Fernández. 

 
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