Llevábamos años sin ver un Miércoles de Ceniza con tantos fieles en las misas parroquiales en el inicio de la Cuaresma. ¿Tiempo de conversión? Es lo que se espera para una ciudad creyente, que presume de sus cofradías y para los que no compartan esta tradición de Amor, Fe y Esperanza, piensen en la promoción y actividad económica para comercios y hostelería.
 
Los del Socorro abrieron el jueves los cultos cuaresmales (de los que seguimos echando en falta en todo el calendario que no se “pisen” algunos días; seguro que para el 2019 lo conseguirán) y exhiben el patrimonio de la fe y del arte recibidos de las generaciones del pasado.
 
Hay tres momentos de visitar un culto cuaresmal. En silencio, antes de la misa, cuando el devoto se llega emocionado, deja su oración en forma de ramo de flores, de santiguarse, besas sus dedos y  lanzar el amor a la imagen que está más cerca que nunca, a los pies del altar donde se venera todo el año.
 
Luego está durante la celebración, momento en el que el sacerdote combina las lecturas del día con la devoción de las imágenes de la cofradía correspondiente. Momento en el que los bancos mantienen las devociones de siglos atrás, mantenidas por las familias.
 
Y en tercer lugar, al terminar la Eucaristía, cuando se postran a los pies de la imagen del Señor y de la Virgen y se emocionan, captan una fotografía con el móvil para mandar a esa persona enferma que este año no ha podido ir, al pequeño que aún no tiene edad para estar ahí o al amigo que está en otra ciudad y este año ni puede acompañar a su devoción.
 
La Cuaresma sirve también para engalanar la ciudad, podando árboles, pintando señales de tráfico, fachadas de edificios, preparando la promoción de la Semana Santa, una semana a la que regresan los hijos que se fueron a vivir fuera, o momentos en los que se reciben a visitantes que vienen a ver las maravillas que presumimos en ferias, artículos y carteles.
 
Complicado resulta ya reservar una habitación para el Jueves o Viernes Santo, difícil poder tener sitio en los tronos más deseados por las promesas hechas cofrades... es la Semana de Pasión. Hay una asignatura pendiente en las cofradías en este siglo XXI: la Caridad. Por suerte, han surgido muchas ongs y colectivos que ayudan al necesitado. Pero siempre, siempre, cuando todo falla y no hay quien te ayude, está ahí Cáritas...
 
Estamos seguros que los párrocos, los hermanos mayores, los vocales de Caridad, estarán aprovechando las reuniones, los cabildos, los preparativos, para tener en primera fila y prioridad a Cáritas, la mano que ayuda a los que más lo necesitan, los Cirineos de la pobreza, de la soledad... la mano social de la Iglesia.
 
Los cofrades tienen que preparar sus tronos, sus desfiles, sus procesiones, pero también, que no se les olvide, su formación, su labor social, su referente en Cáritas. Por eso nos alegramos al ver en silencio, a esas personas cofrades que son puente de unión con las Cáritas de su Parroquia: del amor fraterno. ¡Que siga el trabajo cofrade!