A pesar de todo: estamos en Feria. Como estuvimos en Semana Santa, pasamos el verano y tendremos que volver al colegio y vivir la Navidad y todo lo que la vida nos ponga en el calendario. Vendrá la vacuna, y su tratamiento. Pero, ¿no vendrán nuevas pandemias? Creemos que ese cambio climático se hace presente en estas adversidades y tocará adaptarse al nuevo día a día.

Si nos lo permiten, hay pilares que deben ser prioritarios y para ello la sociedad tiene que establecer su visión y necesidad. En tiempos donde el dinero es lo que parece que cuenta: no puede cobrar un futbolista, un político, o cualquier otra profesión, más que un investigador o un médico.

La investigación es vital para prevenir pandemias como la del COVID-19 o para acelerar sus tratamientos y vacunas. Las reuniones del cambio climático no pueden ser orientativas, deben ser decisivas y se les tiene que hacer caso. Es el bien común de una sociedad.

Una empresa privada puede buscar todos sus beneficios, pero no puede estar en primera posición para desarrollar, patentar o comercializar una vacuna. La Sanidad es pública y pública debe ser.

Junto a ello, una sociedad culta: que conozca nuestro pasado, que viva su presente y que el futuro sea para mejorar y no para cometer nuevos errores pasados.

Nos preocupa que los valores, el bien y el mal, lo correcto e incorrecto, ya no existen. Ahora premia quien lo diga y dónde, para los “borregos” seguirles, compartir el mensaje y creer al que nos manipula más que al que lleva la razón que entendíamos como tal hasta hace poco.

Se confiaba en el calor, pero al final, estamos en el ecuador de agosto y los hospitales empiezan a ingresar nuevos casos. Sin ninguna base científica, no queremos ni imaginar cuando venga el otoño, los resfriados, las gripes, las neumonías y el COVID-19. ¡La que se puede montar de nuevo, y más sabiendo las consecuencias!

No entendemos aún cómo se han dejado solos a los centros educativos para que preparen los protocolos para el inicio del curso escolar ante una situación que precisa de más personal y sanitarios. 

Como pasa con las leyes educativas, se legisla sin consultar a los profesores, padres y alumnos y que se salve el que pueda. Si una terraza o un concierto puede provocar un brote a 40 grados... no queremos imaginar lo que puede ser un colegio, un instituto, con un millar de personas, en espacios cerrados y con frío. ¡Una bomba! 

Cada familia, cada empresa, cada pymes, cada autónomo... ha buscado cómo afrontar esta primera batalla de la pandemia. Cinco meses después, esperamos aún un plan de choque de nuestros políticos para ponerse de acuerdo de cómo actuar.

Al final, los muertos, los afectados, los que trabajarán más de la cuenta, serán los ciudadanos anónimos. Recordamos que no somos cifras, somos personas. Y nunca mejor dicho en estos días, creemos que sus señorías, muchos viven como reyes, mientras el pueblo no sabe cómo seguirá mañana cuando vuelva el monstruo de la pandemia en plenitud.

Por eso, cumpla con las medidas de seguridad que le aconsejan (lavarse las manos, mascarillas y distancia de un metro y medio) y no pare de aprovechar a los que tiene al lado, que son personas, aunque luego los traten como números. Así que viva, como pueda, la Real Feria, con seguridad y con esperanza para aprovechar el día a día.

 

 
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