Se veía venir y estalló la Guerra del Mollete de Antequera. El problema... la difusión de la noticia es más negativa que positiva para la imagen de la ciudad, sus empresas, la comarca y el embajador de los desayunos.

 

El mollete, como los mantecados, la porra, el bienmesabe o cualquier otra delicia de nuestra gastronomía es algo del pueblo, de las familias, de los restaurantes, que deben buscar que si lleva el nombre de “Antequera” sea porque se basa en la receta o en parte de su desarrollo histórico.

 

El “yo” es en gran parte de nuestras vidas el principal enemigo. La palabra “Antequera” debería estar cuidada por la ciudad, por nuestro Ayuntamiento, por todos los que conforman la Corporación Municipal.

 

No vamos a entrar en la polémica suscitada –para eso está la noticia y los comunicados–, pero sí en el fondo. ¿Tenemos protegida nuestra historia y ciudad? Creemos que no. El uso de la palabra “Antequera” debería de estar vigilada por nuestras administraciones locales.Nos viene a la mente el caso del árbitro Paradas Romero, que cuando hacía una buena actuación, decían que era “de Málaga” y cuando no tenía su día, era “de Antequera”. No vamos a recordar lo más actual, el caso de la política de Ciudadanos, María García Ruiz, que ahora “renuncia” de ser de la tierra de Antequera. En fin, la política. Al final, ¿es de Marbella o de Mijas?A lo que íbamos. Que hay que defender nuestro apellido “de Antequera”. Porque luego ni aparece al mencionar “El Torcal”, “Los Dólmenes” o los molletes.

 

Tras leer los comunicados, creemos que como dijo el presidente de la ACIA (Asociación del Comercio e Industria de Antequera), Jorge del Pino, en FITUR (Feria Internacional del Turismo) hay que potenciar la unión de la comarca. Y el tema del mollete puede ser una herramienta vital.Si nos ponemos a privilegios de sangre, ¿y si pedimos ahora una IGP de Prensa y debe tener el periódico 100 años para poder ser ‘de Antequera’? ¿Y si el restaurante tal pide una IGP para que solo se puedan llamar “papas de Antequera” las que hacen?

 

Por citar un ejemplo sin tener por qué ser.La Indicación Geográfica Protegida (IGP) debe ser una herramienta para evitar que en Madrid llamen “mollete de Antequera” a un pan distinto. Y debería buscar lo que hacen los mantecados de Estepa, vender el nombre y luego al entrar en la ciudad, es cuando te encuentras las diferentes fábricas.Por otro lado, entrar en cuál está más bueno... sobre gustos no hay nada escrito.

 

Y cada uno lo intentará hacer lo mejor posible. Si nos vamos a eso, ¿todos se siguen haciendo a leña como antiguamente?Dejemos guerras absurdas y sigamos el ejemplo del grupo de senderistas que ha entregado un cuenco de cerámica encontrado en El Torcal de Antequera porque al momento entendieron que no era de ellos, que era... de “Antequera” y nadie más, pero nada menos.

 

Busquemos la unión y el bien común porque nosotros nos iremos y debemos de hacer que perdure el mollete, los mantecados, el bienmsabe... de Antequera. Para liderar estas iniciativas, para mediar y evitar ser noticia por malos entendimientos, deberían de funcionar organismos como el Ayuntamiento, la ACIA o Sabor a Málaga.Por último... queden a tomar café con un buen mollete de Antequera y piensen cómo ampliar mercado y, por ejemplo, que sea el pan que se encuentre en los AVES o los aviones. Sería la mejor IGP posible: sumar.