Si los viajes de América a España desde el siglo XV nos trajeron la patata, el tomate o el chocolate y se implantaron en Europa; hoy, seis siglos después, hay un nuevo alimento, la quinoa, que desde hace cinco años se está adaptando a los campos andaluces para exportarlo a todo el continente.

 

Su artífice, el recordado agricultor y empresario José Jiménez Jiménez (que lo perdimos repentinamente a finales del pasado año), se aventuró en 2015 a traerse esta semilla y hoy, cinco años después, es ya más que una clara alternativa a los cultivos andaluces.

En un año ha duplicado su producción de 4 a 8 millones de kilos. Sus hijos José María, María Teresa y Javier, siempre con el buen consejo de su madre Angustias Lara, se organizaron para mantener vivo el trabajo que dedicó Jiménez en los últimos años.

“Surge gracias a mi padre, fue un visionario y emprendedor, un apasionado de la agricultura. Teníamos vínculos con Perú por las conservas, y entre los viajes, vio cómo el cultivo de la quinoa estaba tomando mucho empuje en Sudamérica. Él pensó en traérselo a Andalucía y dar alternativas a cultivos tradicionales y así lo hizo”, nos dicen sus hijos.

No fue fácil: “Al principio fue un desastre, no cuajaba. Nos lo tomamos como una inversión los dos primeros años. Necesitó adaptarse al clima de Andalucía. Y, cómo no, lo consiguió él por selección, prueba y error como hizo Mendel. Fue cruzando variedades y consiguió la semilla que está cuajando en Andalucía”. 

“Fue un acto supergeneroso de nuestro padre porque aunque era empresario, él siempre se consideró un agricultor de corazón. Siempre lo hacía pensando en los agricultores para mejorar, para que  estén motivados, generando dinamismo en la economía ante unos cultivos tradicionales que estaban parados”.

Se trata de un grano grande, redondito, color blanco atractivo. “La quinoa es algo natural y nuestro padre la trajo a Europa” y tiene una elevada cantidad de proteínas y es una fuente óptima de energía con fibra.

La semilla se consiguió con su insistencia. “La universidad fue nuestro padre. Él estaba todo el día dedicado a la quinoa. Sus últimos años se centró en proteger la semilla hasta que lo consiguió”.

En 2015 se empezó a construir la fábrica de Iberoquinoa en plena vega antequerana con 4 silos y en 2019 pasó a 8, con capacidad cada uno de 1.100.000 kilos, con la idea de aumentar el número.

Tras la pérdida de José Jiménez a finales de octubre del pasado año, su esposa y sus hijos siguieron los pasos del padre. José María y María Teresa están al frente de la dirección y Javier gestiona las fincas de olivar de la familia.

Junto a ellos, trabajan Javier Moreno, jefe de cultivo y responsable de campo; y Jeremías Pinto, técnico de campo. Además de contar entre 5 y 7 operarios de fábrica, según el período del año y una técnica de calidad. Además de los 180 agricultores a los que asesoran y acuerdan ya la producción de quinoa.

La semilla que consiguió la familia Jiménez-Lara está “en proceso de registrarla para que sólo pueda ser utilizada con nuestro permiso”, para poner en valor el trabajo de su padre. “El grano llega en bruto, como el arroz o el trigo, pasa por unas máquinas que lo van limpiando y seleccionando”. Ahora mismo lo envasan a granel en sacas de 1.000 kilos. “De momento nuestra marca es industrial y la vendemos para que la comercialicen marcas españolas y extranjeras”.

Como proyectos a medio plazo: “Ahora mismo envasamos bastante kilos de la blanca porque hay demanda. En breve, podemos diversificar en quinoa roja y negra, así como cultivo ecológico”.

 

 

 

 
 
 
 
 

 

Acuerdo de la empresa con los agricultores

En plena recolección de la quinoa, conversamos con Javier Moreno Carrión (Antequera, 20 de febrero de 1981) jefe de cultivo y responsable del campo de la empresa Iberoquinoa, quien nos explica cómo consiguen la plantación de quinoa por toda Andalucía: “La empresa facilita al agricultor la semilla, la siembra y el transporte del grano a la fábrica; así como todo elasesoramiento desde preparación de la tierra hasta cosecha del cultivo”.

En su contacto con los agricultores siempre tiene en mente a Pepe Jiménez: “La semilla vino de la mano de Pepe Jiménez, que en paz descanse, quien fue el que la trajo y la adaptó para que cuajara. Hasta ahora los cereales, el girasol... eran los elegidos por los agricultores, pero la quinoa está siendo una alternativa muy rentable para rotar en los campos de nuestra zona”.

“El trabajo a pie de campo para esta empresa es fundamental, es el cien por cien de nuestra filosofía, de nuestro desarrollo y producción”. La quinoa se siembra entre final de enero y principios de marzo. “Necesita una temperatura templada para que pueda germinar pronto y recoja algo de lluvia. Su mantenimiento es sencillo, no tiene casi tratamiento; se siembra en linios, se le da un par de pases para quitarle la hierba. Se le da un abonado de fondo (anterior a la siembra) y uno posterior de cobertera”.

Se recoge entre julio y agosto cuando la planta tiene trilla. Esta campaña sembraron 4.300 hectáreas, “recolectando con éxito unas 4.000, las pérdidas fueron por condiciones climatológicas. Es un cultivo que el que lo prueba, suele repetir”.

Se suele empezar a recoger sobre las 9,30 de la mañana, “ya que suele haber blandura a pesar del verano, tiene que estar seca para recogerla; y hasta las 20 o 21 horas”. 8 millones de kilos pueden acoger en el almacén, cantidad que va superándose año tras año.

Los inicios fueron complicados, pero Pepe Jiménez trabajó hasta conseguirlo, siendo su último gran logro en el campo antes de fallecer. Esta campaña es la más destacada desde que empezó la quinoa a cultivarse. El futuro es muy prometedor. Aún no sale en los libros de Historia, pero la quinoa vino a Europa de manos de un gran antequerano de corazón.

 
 
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