Nace el 15 de abril de 1940, considerado como antequerano, aunque casualmente nació en Torre Alháquime (Cádiz). A los pocos días de su nacimiento sus padres regresaron a Antequera donde vivían y fue bautizado en la iglesia de San Pedro, en cuyo barrio transcurrió parte de su infancia.

 

Toral siempre se ha sentido muy vinculado a esta ciudad de la que, además, es Hijo Predilecto desde 1978. Es el actual pintor andaluz más universal y lleva a su espaldas 78 años de creación continua de un don que solo tienen los genios y que la Escuela de Artes y Oficios de Antequera le sirvió para ir transformándose desde Sevilla a Madrid, pasando por Nueva York.

Estar con Cristóbal Toral en el montaje de su exposición en Antequera te permite conversar con el artista en varios momentos, lo que te lleva a casi una continua entrevista de declaraciones de recuerdos, vivencias y análisis de la realidad por medio de su pintura.

Su compleja niñez en el campo la tiene siempre presente: “Tengo muchos recuerdos cuando ayudaba a mi padre en el campo, rodeado de naturaleza, animales, plantas, pájaros y ahí conservo muchos momentos bonitos, con mi padre que fue mucho para mí, mi padre, mi madre, mi amigo… todo”.

El Barrio de San Pedro fue el entorno donde el niño fue creciendo: “Yo recuerdo como paisaje la iglesia de San Pedro que fue donde me bauticé, y sobre todo porque en una de las paredes de la iglesia había una cabeza de caballo, dibujada con tizas que me impresionaron  porque estaban bien dibujadas. Yo ahí ya sentí que si este anónimo ha hecho estos dibujos tan fenomenales, ¿por qué yo no podría hacerlos? Empecé a dibujar cabezas de caballos con 3 años, sentí la necesidad de pintar y aquí sigo con 78”.

En su caso “fue una vocación innata pura porque en el entorno que yo me crié, que paso mi infancia con mi padre que hacía carbón, pues allí naturalmente veía las labranzas del campo, gente trabajando, segando, ganaderos, pastores... lo que no veía eran artistas, pero yo sentía la necesidad de expresarme pintando, lo cual es una vocación”.

Entre vocación y estar en el Museo en el montaje, recuerda sus primeras enseñanzas en ese mismo edificio: “Para mí la Escuela de Arte y Oficios de Antequera fue importantísima. Fue el inicio de mi camino hacia el Arte. Surge cuando casualmente aparecen unos cazadores ahí por el campo, y le dicen a mi padre: ‘El chico tiene cualidades, ¿por qué no va a la Escuela de Arte y Oficios?’. Y nos enteramos que allí era donde se aprendía a pintar y dibujar y a consecuencia de esto mi padre me compra una bicicleta y después de la jornada de trabajo, aparezco en la Escuela”.

Su primer gran profesor fue Don Emilio del Moral, que era el maestro de dibujo: “Él observa que tengo grandes cualidades para dibujar y es él el que habla con José García-Berdoy, entonces director de la Caja de Ahorros de Antequera, para que me dieran una beca, que la consigo y voy a Sevilla a la Facultad de Bellas Artes de Sevilla y ahí se inicia mi carrera diríamos que profesional, pero todo empezó en la Escuela de Artes y Oficios de Antequera con la creencia de don Emilio del Moral de apostar por mí”.

El niño que pintaba en papeles viejos, destacó en la Escuela y emprendía su viaje, teniendo ya los apoyos de “Manuel Cascales con el Museo, Ángel Guerrero, tu padre, con las entrevistas en la radio y ‘El Sol’, Juan Muñoz, Antonio Ríos con la Caja de Ahorros de Antequera también... recuerdo una serie de personas que en ese momento me apoyaron, me ayudaron y eso fue para mí muy importante”.

Velázquez, uno de sus referentes

Su sala propia en el Museo, tiene uno de sus grandes cuadros: “D’aprés Las Meninas”, su homenaje a Velázquez. “Velázquez es el pintor que creo que ha dado más a la historia de la pintura, hastatal  punto que otros grandes pintores como Manet, llamaban a Velázquez el pintor de los pintores, entonces es lógico que como español yo sintiera esa admiración por el maestro Velázquez, y yo quería hacerle un “D’aprés” de las Meninas”. Es muy importante que se reconozca al pintor que se interpreta, pero que también se reconozca al que lo interpreta. Aquí está Velázquez, pero estoy yo también y mi equipaje”.

Picasso y su paseo de astronauta por Madrid

Toral también tiene en estima al malagueño Picasso sobre quien tiene una anécdota al hablar sobre él. Recién llegado a Madrid, se atrevió a dar una conferencia “cuando yo era estudiante de Bellas Artes, y sin pensarlo me puse a hablar sobre Picasso porque para mí era un pintor referente y un pintor que es el ‘monstruo’ del siglo XX”.

Luego terminó la carrera, y fue profesor durante 3 años en la Facultad de Bellas Artes de Madrid, pero “veo que lo mío no es la docencia que lo mío era pintar, y me atreví a dejar la docencia y ponerme a pintar solo. En esos tiempos era una aventura tremenda porque no se vendía nada, fue difícil, vendían los pintores que estaban reconocidos en esa época, como ejemplo Benjamín Palencia, Godofredo Ortega Muñoz y en plan informalista, Tapiez y poco más”.

Para ser tenido en cuenta “pienso que tengo que hacer algo para llamar la atención y me visto de astronauta, que coincido prácticamente con la subida del hombre a la luna y yo aprovecho eso, como para hacer un homenaje a los astronautas. ¡Eso fue magnífico, los periodistas me perseguían para hacerme entrevistas, me autodefiní como un pintor cósmico! Y luego consigo una beca en la Fundación March, y con esta beca me voy a Nueva York, y ahí fue donde empieza mi carrera en serio, exponiendo en una de las mejores galerías de Nueva York. El director de la Oficina de Información y Turismo de España allí, Enrique García Herraiz, me dijo: ‘Yo te ofrezco esta sala para exponer porque no vais a conseguir una galería americana, y yo le dije que si no exponía en una americana que para qué había venido”, y conseguí una de las mejores, la ‘Stenfly Gallery’, a partir de ahí empiezo a vender cuadros a coleccionistas americanos y gané dinero para poder sobrevivir pintando”.

Sus maletas casi siempre presentes

Cuando visiten la antológica de Antequera, comprobarán que Toral no son solo maletas. “Yo siempre he dicho que el pintor tiene que ser testigo de su época, y bueno las maletas, el equipaje, es algo de lo que más caracteriza nuestra época. Yo cuando pinto uno de mis cuadros de maletas, que está en el Centro Pompidou en París, o el ‘Emigrante Muerto’ que está aquí, todo eso lo pinto porque yo vivo esa emigración de esta época. Los españoles tenían que irse a trabajar a Alemania, porque no tenían trabajo aquí, por esas historias tan reales yo las pinto tal y como las viví”.

“Lo que pasa que eso de las migraciones resulta que es  de una actualidad impresionante, ha seguido siendo actualidad, sigue siendo actualidad, porque fíjate las maletas, no solo significa el turismo, el placer, sino que ahí hay unas connotaciones de tragedia, como por ejemplo de la gente que huye, de los éxodos, las guerras o ahora los refugiados. Una cosa que inicio yo en el año 74 pues sigue estando vigente”.

Y sigue tan vigente: “Por eso para mí es importante tomar esa decisión humana, porque para el hombre desde los principios de la humanidad es un nómada, y ahora sigue siendo igual, pero con ese dramatismo. Fíjate en la actualidad, esa instalación en la valla de Melilla, donde se dejan los restos para cruzar esa valla, y los muros que se hablan ahora de México. Es importante que el artista tenga ese compromiso social, ahí que recogerlo”.

Ya es mediodía de viernes, la empresa Dobelart, con Pablo Aguado, termina de colgar el último cuadro. Y son ellos los que hacen sus “maletas” hasta que tengan que volver para desmontar la magna exposición del genio, del niño que creció en los campos de Antequera, que empezó a formarse en la Escuela de Artes y Oficios de donde hoy está el Museo, justo el sitio donde este mes de diciembre cumplirá 40 años con una sala permanente con una Antológica como colofón al Centenario. Y a las 18,48 horas, Cristóbal y Marisa regresaron a Madrid de nuevo...

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