Opinión 

 

EX ABUNDANTIA CORDIS OS LOQUITUR

 

De esta manera reza uno de los versículos -creo que se llaman así- del libro de Tomás Kempis Imitación de Cristo, que, más o menos, significa aquello de que de “lo que abunda en el corazón, habla la boca”. Y eso es exactamente lo que me ocurre a mí ahora mismo.

           

Acabo de recibir la triste noticia del fallecimiento de mi buen amigo y maestro D. Francisco López Estrada y son tantos los recuerdos y las veces que nos hemos visto y citado para charlar que no me puedo imaginar, aunque hace tiempo que no hablamos, que ya no sea posible más vernos y reunirnos aunque sólo fuese para comentar lo que yo estaba haciendo. Era tan sencillo y humilde que valoraba mucho lo poco que otros hacían y poco lo mucho que él llevaba a cabo.

 

            Ya que he citado a Tomás Kempis, me acuerdo de otro versículo que se puede aplicar perfectamente al estado emocional que tengo tras esta triste noticia. Se trata de aquel versículo que decía: “He buscado la paz por todas partes, pero no la he encontrado en ningún lado, excepto en un rincón con un libro.” Eso es lo que, frecuentemente, habitualmente, hacía nuestro apreciable amigo y maestro D.Francisco: Buscar la paz en los libros, tanto propios, como ajenos.

 

Hace ya muchos años, en los comienzos de los setenta del pasado siglo, tuve la oportunidad de hablar, por primera vez, con nuestro amigo. Fue en la Biblioteca Antequerana de la, entonces, llamada Caja de Ahorros de Antequera. Estaba sentado al fondo de la sala de lectura, solo, con un libro, esperándome porque nos habíamos citado allí. Lo saludé como un antiguo maestro, nunca lo fue en directo -me refiero en la Universidad ya que yo estudié en Granada y él impartía clases en Sevilla- pero sí en la práctica porque sus libros, sobre todo su  Introducción a la literatura medieval española eran libros de texto en todas las universidades españolas y más concretamente el citado. Su amabilidad me sorprendió enormemente. Yo era un joven profesor que empezaba a investigar la Literatura Popular, desconocedor total de que la persona que me atendía llevaba años trabajando en el mismo campo. Le enseñé un romance, una joya de romance, que acababa de recoger, mejor dicho me lo había recogido una alumna de su abuela, de 82 años, oriunda de Cuevas de San Marcos, pero que vivía en Córdoba. El romance se conocía como Contienda entre el trigo y la moneda. Tenía 156 versos y cuando lo leyó me dijo: No se le ocurra publicarlo a usted, esto puede servirle para su tesis doctoral. Tonto de mí, porque no le hice caso ya que, tras tantos años de investigación sobre la Literatura Popular y de haber publicado una veintena de libros, aún no he trabajado en esa posible tesis doctoral. Le agradezco sus consejos y le pido disculpas por no haberle hecho caso.

 

Creo que los  antequeranos tenemos hoy motivos más que suficientes para estar tristes y de luto: Uno de nuestros mejores investigadores de la llamada Literatura Antequerana, ha dejado de existir, ha muerto. Y gracias a él, la Literatura Antequerana ha sido reconocida en nuestra península y en el mundo románico. Por él y debido a sus estudios, se han publicado libros tan desconocidos hasta entonces como el  Poema heroico del asalto y conquista de Antequera,  Poética de la frontera andaluza –con sus Coplas de Juan Galindo incluidas, o las ediciones de Antequera, norte de mi pluma de nuestro admirado amigo J.A. Muñoz Rojas, amigo personal de él. Sin olvidar algo tan importante para mí, como estudioso de la Literatura Popular, como es las múltiples publicaciones que ha llevado a cabo de tantos romances de la frontera de Antequera o de los tradicionales recogidos, con tanta paciencia como yo, por nuestra Antequera.

 

Sin ir más lejos, la mayoría de los romances que cada mes de este Año del VI Centenario de la Incorporación de Antequera a la Corona de Castilla vengo publicando, los he recopilado investigando entre los escritos de D. Francisco, con mucho trabajo porque no están en una sola edición, pero con la seguridad y garantía de que la versión que editó López Estrada contaba con un estudio previo y unas notas, fundamentalmente el origen, o sea, el lugar en el que se ha encontrado cada versión, que es lo que más atrae a todo erudito e investigador de la Literatura Tradicional.

 

Me acuerdo, admirado D. Francisco, de una anécdota muy curiosa: En una de las muchas veces que hemos coincidido en casa de nuestro amigo común, D. José Antonio Muñoz Rojas, estabais José Antonio, tú, Paco Gálvez y Juan Alcaide. Nuestro amigo Juan -al que le deseo una muy pronta recuperación de su reciente operación quirúrgica-, que sabes que siempre gustaba de buscar y contar curiosidades, presumía de que era el más joven de todos. En ese momento aparecí yo en ese pequeño, pero encantador despacho que José Antonio tenía en su casa de la calle Comedias y se le vino el placer abajo: el más joven no era ya él, sino yo. Reímos todos y comentamos  durante largo rato y mientras tomábamos un café las cosas que cada uno hacía en aquel momento. Siempre te interesaste, igual que José Antonio, por las cosas que hacíamos los demás, sin darle importancia a las vuestras, enormemente más significativas.

 

Podría seguir contando muchas más anécdotas de mi admirado maestro, pero ya tendré ocasión de hacerlo, porque sólo acaba de morir y tenemos que dar a conocer su obra a todos aquellos que no la conocen todavía.

 

Po eso, creo que la ciudad de Antequera está en deuda con D. Francisco López Estrada, su Hijo Adoptivo, muy relacionado con nuestra ciudad por su matrimonio con una antequerana de la familia de García-Berdoy y por sus múltiples escritos acerca de la Literatura Antequerana y espero que esa deuda se cancele con un cálido y merecido homenaje en cuanto sea posible. Homenaje que hoy mismo empezará cuando, antes de la conferencia organizada por la Real Academia de Bellas Artes de Antequera, dediquemos unos minutos a exaltar la insigne figura de D. Francisco López Estrada.

 

Esta breve reseña de nuestro amigo, ya que empecé con citas de Tomás Kempis, quiero terminarla con otra cita del mismo autor.

 

También en uno de sus versículos nos dice: “In ómnibus réquiem quaesivi…” que traducido y completo quiere decir: “Seguramente que el día del Juicio no se nos va a preguntar qué noticias leímos, sino qué obras buenas hicimos”. Y D. Francisco López Estrada hizo muchas y muy buenas obras por la Literatura Española, por la formación intelectual de muchas generaciones de universitarios, por su Antequera de adopción, por la Literatura Antequerana, por su familia, por sus buenos amigos y por todos en general.

 

Descansa en Paz, amigo Paco, como querías que te llamásemos los amigos aunque nunca nos atrevimos por el enorme respeto y autoridad que nos merecías y ten presente que tus alumnos, amigos, y los admiradores y amantes de tu obra nunca te vamos a olvidar y que cuidaremos tus escritos para que la posteridad te ofrezca el reconocimiento y el mérito que siempre nos ofreciste y te mereciste. Un abrazo.

                                                           Juan Benítez Sánchez.

                                                           Catedrático de Literatura.