Antequera, por ciudad
andaluza que es, es una de esas poblaciones poblaciones donde se vive
de forma muy especial las solemnidades de la Semana Santa, en una doble
vertiente: por un lado, la solemnidad de sus conventos e iglesias, recoge
la celebración de cultos que resuenan de forma especial entre las altas
bóvedas, entre los imponentes artesonados; por otro, están las procesiones.
Quienquiera que desee
saber cuáles son las mejores procesiones de Semana Santa, obtendrá tantas
contestaciones como sitios donde pregunte. Añada el lector, a
los nombres que le indiquen, el de Antequera. ¿Y por qué?, preguntará
el lector...
A principios
del ya pasado siglo XX llegaban en «trenes especiales» viajeros de Córdoba,
Granada y Málaga, a presenciar la Semana Santa de Antequera.
Les recibía el Ayuntamiento, con bandas de música y en su honor se organizaban
corridas de toros y otras actividades culturales.
Las primeras
cofradías antequeranas datan del siglo XVI, y desde entonces
se mantienen con diversas alternativas, las mismas que registra la vida:
unas se aletargan, otras surgen hasta completar las que hoy desfilan
desde el Domingo de Ramos al de Resurrección, todos los días de la Semana
Mayor.
El enraizamiento de
las cofradías en los antequeranos de todas las épocas, ha propiciado
un singular patrimonio artístico e histórico en las tallas,
en los enseres, en la singular vestimenta de los cofrades que tiene
su máxima expresión en las túnicas de los «hermanos mayores de trono»
o en la maravilla de mantos y «palios» de «estilo antequerano» que visten
imágenes y tronos.
La Semana Santa
de Antequera tiene estilo propio, que se pone de manifiesto
en las figuras peculiares de las procesiones -«el hermanaco», el «celador»,
el «campanillero» el «hermano mayor de trono»-, como en la forma de
llevar los tronos a hombros de hermanos «horquilleros», o en momentos
realmente singulares como el «desfile de armadillas» que abre cada procesión
o las «vegas» que cierran algunas de ellas. ¿Qué es una «vega»?
El mantenimiento de una tradición, cuando al llegar los tronos al pie
de las cuestas que conducen a sus templos, los hermanacos las suben
corriendo sin parar... Es un esfuerzo incomprensible casi, inexplicable
tras el largo recorrido, imposible de describir ni de comprender si
no es viéndolo, participando de él, y que supone la suprema penitencia,
que penitencia y no otra cosa son las procesiones de Antequera...
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ESPECIAL SEMANA SANTA