Las órdenes religiosas
encontraron en la ciudad de Antequera del siglo XV, recién reconquistada
y como frontera entre la España cristiana y la musulmana, un lugar en
el que podían asentarse con facilidad de espacio. A medida que pasaban
los siglos, este hecho se vio aumentado por el surgimiento de cofradías
y hermandades y por el poder e influencia del clero que estuvo
a punto de edificar su propia catedral, objetivo que le fue
denegado. De aquí la gran cantidad de templos religiosos que hay.
A medida que la ciudad
iba creciendo, en cada nuevo gremio, se levantaba un templo con su respectiva
orden religiosa. El fervor y devoción hacia las imágenes que se
veneran en los altares y retablos, llevaron a la fundación de cofradías
y hermandades que incrementaron el cuerpo de fieles devotos e iban agrupando
un rico patrimonio en enseres.
Por otro lado, junto
a la Antequera de las iglesias, se iba complementando con la de las
puertas a la misma, bajo el patrocinio y buen hacer de varios alcaides,
levantando el Arco de Granada y el de Estepa. Éstos se
sumaban a la nueva configuración de la urbe, influenciada en la Antequera
de la fortaleza que tuvo varias y diferentes entradas.
El conjunto de edificios
religiosos iban constituyendo, por medio de sus parroquias, los nuevos
barrios de la Antequera más moderna, más civil. Iba creciendo tanto,
que se requirió construir capillas-votivas a lo largo de la misma para
posibilitar la oración de los fieles.
Las más de 30 iglesias
que se conservan en nuestra ciudad no pueden dejar desapercibidas las
casas civiles que dan un aire majestuoso a las calles del centro del
casco urbano.
Todas ellas se entremezclan
en un estilo que podríamos definir como antequerano, con unos patios
inspirados en los claustros conventuales, a base de arcos de medio punto
sobre columnas de mármol de El Torcal de Antequera y su fuente en el
centro.
En su interior, aunque
pocas hoy en día, conservan habitaciones decoradas tal y como se concibieron
durante los siglos XVIII y XIX, con muebles, cuadros y cortinajes. Entre
ellas, el Palacio de las Escalonias en la calle Pasillas, o el que se
está inaugurando de la Casa Museo de Diputación. Hay otras que fueron
residencia por unos días de reyes de España, como la Casa de la
Columnas del Marqués de Villadarias con Felipe V.
Sólo hay una que rompe
el prototipo solariego local, es la «Casa de Serrailler», confeccionada
por el arquitecto de la plaza de España de Sevilla, Aníbal González,
a finales de 1920.