Viajeros
ilustres, enamorados del pasado y del presente de Antequera, LOS REYES
DE ESPAÑA DON JUAN CARLOS Y DOÑA SOFÍA, expresaban "nuestra alegría,
al volver a esta preciosa ciudad después de tantos años".
Así
la vieron, hace muchos, muchos años, WASHINGTON IRVING, que hizo
parada y fonda en sus «Rutas Andalusíes» o más recientemente DAMASO
ALONSO, a quien asombraba su blancura. Por su parte, el dramaturgo
FERNANDO ARRABAL, tras acompañarle a visitar «El Torcal de Antequera»
y el «Retablo del Carmen», nos definía: «Antequera, síntesis perfecta
de lo divino y lo humano».
Para
JOSE ANTONIO MUÑOZ ROJAS, Premio Nacional de Poesía, «Antequera,
un poco a caballo entre las varias Andalucías, participa en alguna medida
de todas ellas, cono equidistante de sus centros mayores, Córdoba, Sevilla,
Granada o Málaga, sufriendo sus grandes tentaciones y como cayendo y
librándose de ellas».
En
fin, para el catedrático BONET CORREA, «Antequera, ciudad citada
por el geógrafo musulmán Al-Edrisi, censurada por el poeta y visir granadino
Ibn-al-Jatib, elogiada por los humanistas extranjeros del Renacimiento
y motivo de pintorescas descripciones de los viajeros románticos que
venían a España en busca de emociones singulares, fue población de la
que, en todas las épocas, se alabó la belleza de su asiento natural
y la feracidad de su campiña. En el Siglo XVI, por lo populoso de su
aglomeración urbana, la nobleza de sus monumentos y el abolengo ilustre
de sus habitantes, mereció figurar dentro de las «Civitates Orbis Terrarum»,
compendio de vistas y planos de las ciudades entonces más importantes
del globo terráqueo, de Braun y Hohen-berg. Centro en el que florecieron
las artes y las letras, Antequera desde el Renacimiento hasta finales
del barroco adquirió su fisonomía definitiva... Antequera, pese al progreso
moderno y a ser ciudad en pleno desarrollo de sus posibilidades, ha
conservado su carácter histórico. Con sus monumentos bien tenidos y
restaurados y sus calles limpias y bien pavimentadas, es hoy una de
las ciudades andaluzas de tipo tradicional más completas y cuidadas,
una especie de ciudad-museo en la que se ha remozado la arquitectura
de sus viejas mansiones y sus antiguos templos, revivificando su glorioso
pasado».