La iglesia del Carmen acogió en la tarde del viernes 30 de octubre a las 20,30 horas, una misa por los difuntos promovida por la Cofradía del Santo Entierro, para lo que trasladó a sus imágenes titulares a un altar con dosel montado a un lateral del presbiterio.

La misa fue presidida por el arcipreste Antonio Fernández, que se dedicó en memoria de los difuntos, en especial por los de la pandemia. En su homilía profundizó en la muerte y la esperanza de la Resurrección, así como aludió a la fiesta de los Santos y Difuntos. Al final bendijo el nuevo manto de la Virgen, realizado por Sebastián Marchante.

La imagen mariana fue  vestida de luto por Antonio Bejarano, estrenando un nuevo manto de terciopelo negro, bordado en oro por el artista y bordador malagueño Sebastián Marchante, inspirado en los bordados del antiguo palio. Lució la saya bordada en oro sobre terciopelo negro por el médico José Rodríguez. La Virgen portó la corona de salida, obra de Joaquín de Lara. Estrenó además un pañuelo antiguo de seda y encaje de punto de aguja, de mitad del XIX y un rosario negro de azabache y filigrana, de principios del XIX.

El altar extraordinario buscó una composición piramidal, centrada por la imagen de La Soledad, enmarcada en un dosel que se preparó para la pasada Cuaresma. Y a sus pies, el Cristo Yacente. Entre los elementos ornamentales se pueden encontrar sacras, cornucopias, violeteros y jarras de plata. Además del exorno floral, realizado por La Gardenia, encontramos dos parejas de flores de talco, realizadas a mano y que contribuyen al estilo conventual de la época. Se pudo visitar el sábado, destacando el buen montaje que fue extraordinario por lo bello e inesperado.

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