El Triduo a Santa Eufemia se celebró del viernes 11 al domingo 13 de septiembre en su iglesia conventual, con limitación de aforo y respetando las normas sanitarias por la pandemia.

 

El primer día, el viernes 11, la misa fue presidida por el sacerdote antequerano Lorenzo Orellana, quien fuera párroco de Santiago y portador de la Reliquia de la Santa en las antiguas procesiones cívico-religiosas cuando era joven. Profundizó en las lecturas del día y en el ejemplo de cristiana de la Santa, quien fue mártir por su fe.

El sábado 12, el trono de la Santa se trasladó hasta la puerta de la iglesia para que la vieran desde la Plaza de Santiago, en el día que tendría que haber sido la procesión de las candelas, pero que se supendió su organización por la pandemia.

 

La imagen estrenaba una palma tallada en madera por Bartolomé Ruiz, que ha sido dorada este año por la joven artista Cristina González Carbonero. Además, llevó un limbo de oro, adornado por una diadema de flores realizada por Miguel Herrera, que llevó María Manzano Galán en su Primera Comunión en el templo patronal.

Además, como detalle, uno de los ángeles de la peana portaba una simbólica mascarilla .El Altar se montó delante del retablo de la Virgen de los Dolores, completado por dos faroles del Señor Caído de los Servitas y la camarera María Teresa Clavijo, recibió el adorno floral de las hermanas Romero de La Gardenia a base de flores blancas con profusión de nardos.

Ya por la tarde, a las 19,30 horas, misa presidida por el párroco Francisco de Paula Baquero, quien ofreció la bendición final con el Santísimo. Y cerró el Trido el carmelita Antonio  Jiménez, exponiendo la vida de la Santa de compromiso con su fe.

 

 
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