Gabriel Robledo López (Antequera, 5 de septiembre de 1955) es hermano mayor de la Real Hermandad del Señor de la Salud y de las Aguas y será recordado, además de su devoción, fe y entrega al Señor de Antequera, por estar al frente el año de la pandemia del coronavirus.     

 

Le entrevistamos en la última semana de novenas virtuales, compartiendo cómo se desarrolló la decisión de tener que suspender los actos públicos e internos de este año 2020. Casado con Juana Cañas Monterroso, tiene dos hijos: Luis y Cristina; y dos nietos: Luis y Gabriela, con quienes comparte lo que aprendió de su familia: “No acordarme de no ir es mi primer recuerdo de San Juan”.

En más de una ocasión hemos apuntado que el cargo más agridulce de una cofradía es el de hermano mayor. Durante las últimas semanas, el del Patrón de Antequera, Gabriel Robledo López, es una de las personas con la que más hemos hablado porque se trataba saber sobre el Señor de Antequera.

Tras quedarnos en la fase 0, nos sentamos con él, al otro lado del teléfono móvil, para poder exponer cómo se ha ido desarrollando este año tan diferente. Si hace un año, o en cualquiera de nuestras conversaciones, le llegamos a decir que un año no “bajan” al Señor y suspenden sus cultos... ¡no nos lo hubiéramos creído nunca!

“Esto es totalmente inimaginable, nunca ha pasado. Está documentado así, no ha habido ningún año, al menos en los últimos 100 años, en el que no se le haya rendido culto en su templo. Lo teníamos todo listo, el Cartel se ha quedado hecho, realizado por Jesús Romero y bueno, el año que viene será presentado por Pilar Aranda Narbona, si Dios quiere”.

Suponemos que la suspensión de las procesiones y los cultos públicos en Semana Santa, les empezó a llevar a pensar que esto podría seguir con el Señor. “Sí, evidentemente; desde Semana Santa, además, había cultos en fechas similares, como el Rocío, que ya habían tomado decisiones con una estructura más complicada de montaje como puede ser el tema del camino. Entonces veíamos que las previsiones iban por el mismo camino que todo lo demás”.

Aunque el Gobierno y el Obispado marcaron las normas, se tuvieron que reunir para comunicarlo. “Hicimos  la reunión vía telemática, se consultó a toda la Junta y lógicamente se tomó la decisión y se emitió el comunicado oportuno. Tuvimos  el apoyo total de la Junta”.

La devoción está ahí... pero suponemos que valoraron el riesgo del pueblo. “Por supuesto, teníamos presente la preocupación de no hacer nada que pueda poner en peligro lo más mínimo la vida de alguna persona. Esa es la primera premisa que me planteé e intenté transmitir a los demás compañeros de la Junta. Y eso ya estaba en el ánimo de todos, que no se podía hacer nada que pudiera poner en peligro la vida de cualquier persona. A partir de ahí, ya tienes un camino trazado sabiendo lo que puedes hacer o no”.

Un año en el que la tecnología se ha puesto al servicio de la fe: “¡Claro y, además, tenemos una referencia grande que es la cantidad de antequeranos y descendientes de antequeranos que residen fuera y que sabemos, porque así te lo dicen, que hacen su novena y siguen manteniendo esa devoción incluso no en primera generación sino en las siguientes, en nietos de antequeranos que se fueron, pero que se llevaron la devoción del Señor y la han sabido transmitir en la familia y a sus descendientes! Y ellos lo siguen viviendo así, en la distancia, pero con una intensidad inmensa y esa vivencia espiritual. Hacen su novena y hay años que pueden venir a la procesión y otros no pueden y lo retoman cuando pueden. En ese sentido los antequeranos que vivimos aquí y podemos asistir porque lo tenemos cerca pues tenemos esa referencia en las personas que en la distancia y sin esa cercanía física, sí la tienen en el espíritu”.

 

La labor del director espiritual en las cofradías

Mucho se habla internamente de la labor del capellán, del sacerdote. ¿Qué les dijo cuando supieron que no podían desarrollar los cultos con normalidad?: “Es un papel importantísimo y de primer momento nos hizo patente su compromiso de fomentar la devoción al Señor, teniendo en cuenta también su labor pastoral. Es el primero que fomenta la devoción al Señor y a todas las imágenes relacionadas pastoralmente con él y ese compromiso lo mantiene y es el primer valedor de fomento de la devoción. Él, todo los domingos después de la Eucaristía, nunca falta que nos lleve a la capilla y hagamos una oración especial al Señor. Con todo esto se está conociendo más su labor y con los medios de comunicación y las redes sociales se está difundiendo esa actuación suya pastoral, gracias a vosotros este año especialmente con la difusión de las novenas y de las misas”.

¿Y el papel de la Real Hermandad este año, qué cambio se está viviendo?: “Digamos que somos la bisagra que existe entre el devoto y la imagen, pero nosotros estamos distanciados en el sentido de la relación tan directa que no hace falta ese aliento por parte de los animadores. La devoción al Señor parte de la imagen, no de nosotros, en la que somos servidores. El componente del gremio, tiene sus raíces muy fuertes al Señor y no les hace falta alguien que sirva de nexo, sino que hay que procurar, tal y como lo entiendo yo, ser servidores de esa unión que hay tan profunda entre el Señor y sus devotos y el Señor y sus gremios y entre el Señor y todas las personas que le rezan”. 

A pesar de la novena virtual, hay muchos devotos que desde el día 2 intentan acudir a las puertas de San Juan. “Yo he intentado hacerlo como hacen tantos antequeranos, acudir a la puerta y echar una miradita por la ventana. Es verdad que para mí, como para muchos, es una sensación rara la de no entrar. Pero debo integrarme como otro devoto más y asumirlo así y bueno también es una forma, como dicen, de hacer penitencia el tenerlo retirado cuando podemos tenerlo cerca”.

Hace una semana, si se hubiera entrado en fase 1, se podría haber abierto el templo. “Podría, pero claro, la novena física está en puertas de terminar. Hay que recordar que estamos dentro de una parroquia y quien establece los criterios y las medidas en cualquier sentido incluida la apertura es el párroco. Yo me imagino que vamos a retomar con las directrices que marque el Obispado y por lo visto es recuperar la normalidad en las celebraciones eucarísticas y tenemos que ceñirnos a ese criterio”.

¡Bendita la hora que abrieron la pequeña ventanita! “Afortunadamente el emplazamiento de la capilla permite que el Señor está disponible para una visita de cara a cara como se puede decir en la distancia, relativamente, 24 horas, 365 días al año. Es una devoción de guardia y que siempre está esperando nuestra visita”.

Aunque no salgan en procesión, suponemos que han podido hasta trabajar más. “Es una labor que asumo con gratitud de hacer ese servicio porque es un servicio que no lo entiende de otra manera que no sea la devocional, la implicación en la Real Hermandad y también como familiar porque es lo que he aprendido en mi familia: servir al Señor”.

Cuando pase esta pandemia, ¿qué le gustaría realizar en torno al Señor?: “Una acción de gracia por supuesto como sea y cuando sea. Poder unirnos en una acción de gracia con los medios que sean, las circunstancias que sean y con las presencias que hicieran falta, pero yo creo que es una ilusión compartida por todos, el dar gracia. Tiempo habrá y Dios quiera que no tarde”.

Así es lo que ha vivido, piensa y desea el hermano mayor Gabriel Robledo López, quien este año ha tenido que afrontar la penitencia de no poder abrir San Juan, para que el pueblo bese los pies, acompañe, rece, alumbre y acompañe físicamente al Señor de Antequera.

 

 

 
 

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