Pilar Muñoz Blázquez es una de las actuales camareras más jóvenes de nuestra ciudad. Apasionada de ‘La Virgen’ y de la devoción y amor por Antequera que le inculcó su abuela, Carmen Rojas Sarrailler, de quien recuerda la frase que destacamos en el titular de esta entrevista.

Cada devoción guarda vidas de amor y pasión por una imagen, como la de la actual familia de los Muñoz-Blázquez, en la que Pilar es la camarera desde el año 2000 de la Virgen de los Remedios, Patrona de la Ciudad. Quedamos con ella en la iglesia el domingo 1, atareada con la limpieza del patrimonio que atesora la Esclavitud y dejando todo preparado para la novena.Hija de Justo Muñoz Blázquez y Pilar Blázquez Rojas, Pilar nació el 5 de marzo de 1972.

Es la mayor de los tres hermanos, junto a Justo y María. Su primer recuerdo de la Virgen de los Remedios: “Estar por la iglesia de niña junto a mi abuela, empezando a formar parte de la Directiva, un poco antes del 75 aniversario de la Coronación Canónica que subimos a Santa María. Mi tío Pepe (José María Blázquez Rojas) me decía que para aprender solo había que mirar, no hacía falta tocar, hasta que él me dejó... estuve años aprendiendo”.

Camarera de la Virgen “tras mi abuela, porque mi tío Pepe siempre era como el ayudante, el que estaba con ella y cuidó a la Virgen, hasta que yo ya fui formalmente camarera en el 2000, tras el fallecimiento de mi abuela, Carmen Rojas Sarrailler, casada con Carlos Blázquez Lora”.

Antes de su abuela, fueron camareras de su familia en el siglo XIX: Josefa Bahamonde y Tovar, casada con José María de Lora y Ximenez Herradura, V Conde de Colchado; María Jesús Duque de Estrada y Cabeza de Vaca, esposa de José María de Loya y Bahamonde, sexto conde; María del Carmen de Lora y Duque de Estrada, casada con Carlos Blázquez Ruiz Tagle.

Ya en el siglo XX, María Jesús Blázquez de Lora, casada con Bernardo Gómez Arroyo y Granda; y su abuela, Carmen de Rojas Sarrailler, casada con Carlos Blázquez de Lora. 

Su abuela le inculcó la devoción “a la Virgen”

Pilar es al menos la sexta generación de camareras de su familia, quienes además de ostentar el cargo, siempre han mantenido una gran devoción: “La mía la tengo por mi abuela, porque con ella iba a todas partes y casi desde que tengo uso de razón, siempre le acompañaba. Yo venía con ella que era persona de misa diaria. Además, en mi casa la Virgen de los Remedios está presente en todos los lados”.

Ella es camarera también porque su madre “siempre le ha tenido mucha devoción, como todos en mi casa, pero no llegó a ser camarera y fui yo la que relevó a mi abuela con el período en el que mi tío Pepe ayudaba en los quehaceres de estar al frente de la imagen”. Le gusta mantener una devoción particular: “Más que de cuadros... soy de tenerla presente porque a la Virgen para llevarla contigo no hace falta verla en grande para acordarte de Ella. Siempre está con nosotros”.

La relación de los nardos con la Virgen 

Hablar con Pilar es descubrir generaciones y generaciones de devoción hacia la Virgen de los Remedios donde nos relata una y otra curiosidad sobre Ella. “En los años 60, durante varios años se sembraron nardos en el campo expresamente para la novena y eran solo para la Virgen. También es la flor que toca en este tiempo y a mi abuela siempre le gustaban las flores que huelen, igual que a mí. Supongo que puede que de ahí venga que se busque al nardo como la flor de la Virgen”.

Una relación hasta tal punto que “a ella siempre la conocían como la mujer de las flores, ya que siempre llevaba un ramito”. También tiene palabras de recuerdo para “mi tío José María que estaba aquí todo el día y que estaba al tanto de conservar todo tal y como estaba. Mi abuelo también fue esclavo mayor muchos años”.

Los recuerdos de la Coronación Canónica de 1922 en Antequera

Sin duda, su abuela aprovechaba cualquier ocasión para recordarles cómo se vivió la efemérides que estamos a punto de vivir su centenario: “Ella decía que la Coronación Canónica de la Virgen fue muy bonita, que en el Paseo había mucha gente, mi abuela te lo expresaba con todo detalle”.

Era “la devoción que se le veía en la cara, no hacía falta que te contara más cosas. De chicos contaba la historia de la leyenda de la Virgen, la de la Beata... Por la noche, con el fresco, nos sentábamos y nos narraba muchas historias de Antequera, muchas de las cosas que yo sé de Antequera son contadas por ellos, por mi tío José María y por mi abuela”. 

¿Cómo ha cambiado la iglesia de los Remedios de su época a la de su nieta?: “Sobre todo que antes no había bancos, cada uno tenía su silla y ella siempre ha estado al lado de la columna que hay al lado de la entrada a la sacristía”, momento justo de la entrevista en el que estábamos caminando por el templo y nos muestra el lugar donde se sentaba.

¿Cómo llamaba su abuela a la Virgen de los Remedios?: “La Virgen, simplemente, al decir la Virgen ya no tenía que decir de los Remedios Ella era muy religiosa, muy profunda, con su Virgen y el Santísimo. Mira, los Viernes Santos por las mañanas, iba yo con ella a dar vuelta a los monumentos siempre en el mismo orden”. 

¿Y qué labor tenía como camarera?: “Yo siempre he estado pegada a mi abuela en acompañarla a los sitios y de estar cuando preparaba la novena y la festividad de la Virgen. No recuerdo que mi abuela pusiera, por ejemplo, el manto, eso lo hacía mi tío José María, pero recuerdo que ella era la que sacaba las cosas: las coronas, las joyas... e indicaba cómo debían de quedar”. 

¿Cómo era el cambio de camareras?: “No es que hubiera un día concreto del paso de una a otra, ya que la que estaba iba enseñando a la siguiente. Pero teníamos transferencias entre camareras, me decía mi abuela que en la sacristía, tal día, con el cura tal, el hermano mayor y decía la camarera a la otra camarera y se hacía un recuento de todo lo que tenía la Virgen, también entran enseres como manteles, jarrones, que eso ya no existe, pero todo lo que se detalla de los mantos y demás, sigue estando”.

Preparar a la Virgen para su procesión

Pilar recuerda cuando se disponía la procesión de la Virgen: “Mis recuerdos era de venir aquí desde nuestra casa de la calle Cantareros, con cosas que guardábamos allí, dejarlas en la iglesia, aunque no me dejaban de hacer mucho, ya que los niños son niños y el trabajo de un montaje es laborioso. Yo sé que la Virgen la bajaban y la ponían encima de la mesa de la sacristía, y mi abuela, con un purificador, le limpiaba el polvo, le rezaban todos los que habían aquí y ya se ponía en el trono”. 

Hasta que un día... “Yo me encargué, tras fallecer mi abuela y estar unos años mi tío Pepe al frente, cuando vio que había aprendido me dejó, y así daba paso también a las nuevas generaciones, igual que yo me traigo ahora a mis sobrinos para que vayan aprendiendo la devoción, ya que desde chico se ve de otra manera”. 

¿Y qué misión tiene la camarera en 2019?: “Hoy el patrimonio está custodiado entre el Museo y la sacristía, por lo que ya en casa apenas tenemos nada, a veces nos llevamos algo para limpiarlo allí mejor, pero muy rara vez y más bien de cara a septiembre. Por lo demás, se cambia la imagen por completo para Navidad, con el manto acorde con la época. Luego se baja para la Candelaria cuando se presenta a los niños y para el mes de mayo, procuro que esté vestida en celeste. Y luego, además, mantener limpio el sitio del entorno de la Virgen”.

En Semana Santa, solemos preguntar a las camareras por su ritual de vestir a las imágenes marianas. ¿Cómo es el suyo?: “La Virgen, al ser de talla, no es como las Vírgenes de vestir, cuando la preparo con sus manos, sí me gusta estar sola, con una persona o dos, porque tampoco quiero estar sin nadie porque hay que subirse a las escaleras”. ¿Y cómo llama a su Remedios?: “Yo, la Virgen, como me enseñaron”. ¿Y qué le reza?: “El Ave María. Luego cuando te pones más cerca de Ella pues ya hablas con Ella, supongo que como todas las camareras. Tía Pilar, por ejemplo en el Socorro, tras insistirle mucho, me dejó entrar un día cuando la estaba vistiendo y me dijo: ‘Te dejo entrar porque eres nieta de quien eres’”. 

¿Es de las que suele preguntar qué se le pone a la Virgen o lo decide por su cuenta?: “Muchas veces pregunto: ¿qué os parece que le ponga este manto? Normalmente confían plenamente en mi criterio, algo que les agradezco”. ¿Y cómo es prepararla para la procesión?: “Cuando ya la fijan en el templete, ya ellos se bajan y me dejan a mí. Por ejemplo, tío Pepe estaba y decía esto por ahí, este pliegue está, te daba dos nociones, pero tampoco se metía mucho. Normalmente hoy está Juanma, el esclavo mayor, mi hermano, y cualquiera de los directivos porque todos nos llevamos bien”. 

Una imagen patronal con varios mantos de salida: “De procesión bordados tiene el de la Coronación que es del año 1922, aunque es más antiguo ya que se restauró  para ese año uno anterior; y otro que tiene que es como una seda adamascada bordado en oro que son los dos que tiene de salida. Hay veces que para la procesión, sí que le he puesto los brocados, ya que en el camarín se le aprecia solo la parte de delante”. 

¿Cómo le gusta a su camarera verla el 8 de septiembre?: “Yo prefiero a la Virgen tal y como es, sin nada, incluso sin manto porque el pelo por detrás lo tiene muy bonito. Pero para salir lógicamente, al menos con uno de los mantos”. ¿Emoción al verla salir?: “Yo es que la tengo presente cuando estoy aquí, estar en silencio es lo que busco, un poco alejada de ella, fuera del guión, viéndola desde la acera como una devota más”. 

Su momento preferido de la procesión es... “Cuando ya estamos dentro, que ya está la Virgen en su casa y no ha pasado nada. El año pasado fue terrible, el primer año conmigo que decíamos si llovería o no llovería. Habrá habido más aire o menos aire, pero lo de la lluvia sí fue la primera vez conmigo”. 

Seguramente, tendrá algún momento especial fuera de lo común, donde disfrutar al verla: “Pues me quedo con el Rosario de la Aurora que va por calles más pequeñas y donde hay muchísimas personas mayores, que llevan años sin verla, no salen de su barrio o no salen de su casa, la devoción que esa persona transmite... con eso me quedo”. 

Además de la Medalla de Oro de la Ciudad, que siempre la lleva: ¿qué más lleva la Virgen en su procesión?: “Hay cosas que un año lo pones, otro año no se ven o no lo lleva. Además de la Medalla, que como dices siempre la lleva puesta, el bastón de mando, del que tenemos cuatro: de los alcaldes Luis Moreno, Isidro Montoro, Pedro de Rojas y Jesús Romero”. 

Ante el Centenario de la Coronación Canónica

Desde este año 2019, Antequera va a celebrar varias efemérides cofrades, entre ellas del Socorro, el Mayor Dolor y los Remedios. En el 2022 será el Centenario de la Coronación Canónica de la Virgen de los Remedios. ¿Algún proyecto que tenga pensado o esté preparando la camarera?: “Tengo en mi mente restaurar el Manto de la Condesa, el del vestido de novia del siglo XIX. Ya he hablado con Chica Mantilla, que es la que me ha asesorado en esto, y lo van a restaurar los de Santa Conserva, una vez que terminen el de La Paz. Es una organza de seda bordado en plata, que fue el vestido de novia de Josefa Bahamonde Tobar, Condesa de Colchado; y lo que va debajo es una seda. Ahora no se puede tocar mucho, el único día que se le ha puesto recientemente fue el día que hicieron patrón al Señor de la Salud y de las Aguas, que se puso la Virgen ahí en la puerta de la iglesia”. 

¿Cómo ve el relevo generacional en las cofradías?: “Lo importante es que se dejen de entrar a los nuevos, pero también que los nuevos tienen que aprender de los mayores. Yo veo muchas o algunas procesiones que quieren parecerse a las de otras ciudades y nuestras procesiones son genuinas y de aquí y no deberíamos parecernos a otras ni la de Málaga. Las nuevas generaciones miran mucho a otros sitios en la manera de hacer las cosas y en eso habría que explicarles lo importante que es el estilo de Antequera”. 

Para concluir, ¿qué le dice a los que acuden a la Virgen y los que serán sus guardianes?: “Que tengan la misma devoción que la que tenemos los que estamos aquí, que la miren como la miraron los primeros devotos y que así lo mantengan de generación en generación”. 

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