Antequera ha vuelto a tener el lujo de ver por sus calles a la Virgen del Carmen, que ha realizado su procesión en la tarde-noche del sábado 20 de julio, en una cita que partió desde su templo a las 20,30 horas. A esa hora, el hermano mayor José Rodríguez León empezó a dirigir a sus 54 hermanacos, vestidos con pantalón oscuro, camisa blanca y escapulario carmelita.
 
Previamente, el arcipreste y párroco Antonio Fernández realizó una Oración para comenzar la procesión, saludando antes de salir a la Virgen de la Soledad en su capilla, donde aguardaba la Directiva con su guión y hermano mayor Salvador Cruzado al frente.
 
Como siempre, decenas de vecinos aguardaban en la Plaza del Carmen la salida de la imagen mariana, que tanta devoción guarda en su barrio. Calmadas algo las altas temperaturas que azotaron durante el día, el cortejo procesional comenzó su recorrido pasando por las murallas del Carmen, siempre dejando una bonita estampa, para iniciar la subida por la calle Niña de Antequera. 
 
Ciriales, cruces parroquiales y representación de la curia y del Ayuntamiento acompañaron una vez más. Por segundo año consecutivo, la Banda de Música de la Vera Cruz de Almogía acompañó a la Virgen del Carmen.
 
 
 
Paso por la bella estampa del Arco de los Gigantes
Sonaba “Pasan los Campanilleros” antes de llegar a un Arco de los Gigantes que siempre nos deja imágenes que llegan hasta el alma, con la ciudad al fondo. Tras esa zona histórica, la Virgen prosiguió bendiciendo su barrio, en este caso pasando por calle del Rastro, antes de alcanzar parte de la Cuesta del Viento e iniciar su particular “gloria” hasta la calle del Río.
 
Una calle diferente, donde miles de sentimientos se unen. Lo personal y lo devocional se funden en uno solo. Los vecinos se vuelcan. Los “vivas” a la Patrona de los Marineros. Los recuerdos a los que ya no están, las ‘gracias’ por los malos momentos superados.
 
Calle del Río se llena de pétalos a su paso, antes de afrontar el tramo final. Y al llegar al número 18, silencio: suena “Siempre la Esperanza”. Y algo más adelante, más emoción, suena “Encarnación Coronada”.
 
La Virgen llega a su plaza “empapada” en pétalos. La ciudad una vez le ha rendido su particular homenaje. La Virgen del Carmen volvió a vivir una bonita y emotiva jornada en su barrio, antes de regresar a su templo.
 
 
 
 
Vestida por el cofrade José Carlos Jiménez
La Virgen del Carmen vistió con su hábito de brocado antiguo, bordado en oro y sedas. Porta un escapulario estrenado hace varios años, bordado en los talleres de Cristina Badillo y pintado por Antonio Díaz Arnido.
 
Estrenó juego de puños del Siglo XIX, adquiridos en coleccionistas de antigüedades, así como encaje de chantilly en color crudo, tal y como nos detalla su vestidor, José Carlos Jiménez. Como detalles, llevó joyas cedidas por devotos y anónimos. También, porta dos relicarios uno de la Virgen de La Soledad y otro de la Santa Faz.
 
En esta ocasión, la Virgen luce sobre sus bendita cabeza La Corona “marinera”. Por su parte, el trono estrenó las coronitas centrales de los faroles, con el escudo del Carmen y realizados por Daniel Romero.
 
El exorno floral del trono, decorado por Antonio Narbona, estuvo compuesto por Anthurium, orquídeas, crisantemo verde, cresta de gallo, alstroemelia y clavellina. Tras la procesión, prosiguió la verbena en el barrio. Más información, edición impresa sábado 27 de julio de 2019 (pinche aquí y conozca dónde puede adquirir el ejemplar) o suscríbase y recíbalo en casa o en su ordenador, antes que nadie (suscripción).