El farmacéutico y cofrade antequerano Mariano Mir Muñoz ha sido el encargado de pronunciar este sábado 30 de marzo el Pregón de la Cofradía de los Estudiantes, donde narró sus vivencias como hermanaco del Nazareno de la Sangre, portando la imagen desde hace 30 años.

 

 

De la misma manera, hizo un recorrido por todas sus vivencias cofrades, así como recordó su papel como hermanaco en muchas de las imágenes procesionales, de Pasión y Gloria, de nuestra ciudad. Antes de su intervención, actuó la Banda de Cornetas y Tambores de la Vera Cruz, de Almogía. Mir fue presentado por la pregonera del pasado año del Lunes Santo, María Rosales.

 

Mariano Mir derrochó Fe y Pasión por el Lunes Santo en el Pregón de los Estudiantes de este año. Comenzó hablando de una cofradía de la que le llama la atención “ese magnífico proyecto que está continuamente en evolución. Basta con mirar a nuestro alrededor para constatar los logros conseguidos y lo viva que está nuestra cofradía en la actualidad”.

 

Mir compartió “mi historia como Hermanaco de trono en la ciudad de Antequera, de cómo acabé formando parte de esta Venerable Archicofradía”. Habló de la misma desde que era pequeño, cuando “me impactaba mucho la altura que tenían los tronos y el gran esfuerzo físico que sus Hermanacos realizaban en todas las etapas del recorrido”. Fue Hermanaco por primera vez “con tan solo 8 años”, utilizando “un Cristo crucificado que estaba en el cabecero de la cama de mis abuelos”. Estudió sus estudios de bachillerato “con las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones. Allí volví a ser Hermanaco, esta vez de la Virgen de la Inmaculada”. 

 

A los 16 años “llegó una de las etapas más tristes de mi vida. El mismo año que sufrí la terrible muerte de mi padre, se abrió una gran puerta en mi vida. Pocos meses después de la pérdida de mi progenitor las puertas de esta Santa Iglesia se abrieron para mi. El Cristo de la Sangre me llamó y yo acudí sin dudar, en el encontré el consuelo tan necesario en esos difíciles y tristes momentos”. Emotivo fue también su recuerdo a esa primera almohadilla realizada por su madre, así como su primera chaqueta y Banda Verde.

 

Lunes Santo, “Día de rezo, día de recogimiento”

Intenso fue su repaso por las viviencias de cada Lunes Santo: “Día de penitencia, Día de rezo, Día de recogimiento”. Habló de ese primer abrazo con el Hermano Mayor de trono, por su proceso tradicional de amarrar la almohadilla y por ese ritual al ponerse su Banda Verde, “verde esperanza, verde juventud, verde compromiso, verde tradición, verde seriedad, verde que te quiero verde”.

 

Tras ello, “llegó el momento de la tan ansiada salida: el corazón nos late intensamente, nuestra boca se queda seca por momentos, sobre las manos ya sudorosas nos colocamos los guantes blancos. Atención, mucha atención, suena la campana: ¡Hermanacos, muy despacio, al brazo!”.


Paso por las calles y parada... en Duranes

Tras esos “rayos de sol” que “entran por la puerta de la iglesia de San Francisco”, llega la salida. En la calle, “se escucha el sonido de las diferentes campanas, el paso de los hermanacos, las horquillas en su trasiego, las directrices precisas del Hermano Mayor”.

 

Pasan por las diferentes zonas del recorrido, deteniéndose en Duranes: “Duranes, gloriosa calle Duranes, única, inigualable, inimitable calle Duranes. Los pétalos de las flores de mil colores caen desde el cielo al pasar el Cristo de la Sangre, ¡que emoción Dios mío!”, todo ello, bajo los sones siempre de la Banda de Cornetas y Tambores Vera Cruz de Almogía.

 

Después, llegó el encuentro: “Los tres pasos se unen sobre sus campanas para despedir al Lunes Santo”. Finalmente, acaba ese lunes estudiantil, “gozosos, felices y satisfechos por este día vivido volvemos a casa pensando ya que nos deparará el Lunes Santo del año que viene”. Más información, edición impresa sábado 6 de abril de 2019 (pinche aquí y conozca dónde puede adquirir el ejemplar) o suscríbase y recíbalo en casa o en su ordenador, antes que nadie (suscripción).