Si realizamos un juicio calmado a la naturaleza humana, probablemente concluiremos que no existen en nuestra especie ni el mal ni el bien absoluto. Siempre hay un resquicio de bondad. Siempre una mácula prueba de nuestra imperfección. No obstante, una valoración meditada como ésta no debe llevarnos a equívoco ni a contradicción: en verdad existen personas ejemplares. Expresiones como “tan bueno no será”, “por algo lo hará”... son armas cargadas por nuestras envidias, defensa ante un temor a perder en la comparativa, una argucia para exonerar a nuestra conciencia por no estar altura. No lo duden: rechazamos observar la realidad humana al completo. Puedo asegurarles que existen personas ejemplares… yo conocí a una.

Federico Esteban Vílchez combinó lo que en otros es contradicción: éxito, humildad, seriedad, buen humor, intelectualidad, cercanía, caballerosidad, espontaneidad, sentido del deber, cariño.Ejemplar fue su fe inquebrantable. Fe religiosa a la que se dedicó con esfuerzo, y fe en los demás y en sí mismo. Fe como verdadera fuente de una poderosa pócima que le otorgó la energía necesaria para mantenerse en pie como el más duro de los luchadores. Un luchador muy especial eso sí, de sonrisa sincera y agradecida en el rostro. 

Quien fuera testigo lo podrá corroborar. Y cuando no pudo andar más, se sentó. Y sentado siguió transmitiendo una entereza y sabiduría tan admirables, que sin aparentes fuerzas aún dejó una impronta imborrable en los que pudimos acompañarle.

Puede causar miedo y vergüenza la dependencia más básica que conllevan la vejez y la enfermedad. Es natural y muy humano, pero no hay indignidad en un cuerpo doliente. Indigno puede ser el trato que se dé a un enfermo, o la respuesta de un enfermo que agote injustificadamente a sus cuidadores, pero no la enfermedad en sí. Todo es uno en la vida. Hay quien consigue hacer brotar una extraordinaria luz desde su interior que convierte lo débil en magnífico e ilumina a sus semejantes. En este sentido, San Juan Pablo II mostró el camino al que quiso verlo. Federico Esteban aceptó el reto y cumplió con creces y durante muchos años. Seres de luz.

Ejemplar también ha sido el trabajo de la residencia de San Juan de Dios, del hermano Luis y de los profesionales que le acompañan. Si los últimos años de Federico Esteban han sido más llevaderos, han sido en buena medida por el gran trabajo que allí realizan con todo cariño y dedicación. Seres de luz.

Ejemplar fue Antequera con él. Federico Esteban se entregó a ella y a sus Cofradías. Y fue profeta en su tierra. En esta patria nuestra a veces cainita, Antequera le reconoció en vida toda su dedicación y su legado. Cuánta honra. Cuán orgullosos se tienen que sentir los antequeranos de lo que son y de cómo se han comportado como pueblo. Los que tenemos sangre antequerana así lo sentimos y agradecemos.

Ejemplar fue el amor sin límites, desde el primer hasta el último día, hacia su esposa, su compañera, su amiga, su cómplice, su inspiración, su siempre y su todo: Remedios. No es posible entender a uno sin el otro. No hubieran sido el uno sin el otro. Su idilio fue un sueño para el que merece la pena dormir. Una preciosa historia que relatar a los jóvenes.

Y ejemplar ha sido ver a mis padres junto a ellos. Cómo se han querido y qué bien se han comportado. Una lección impagable. Lo que mis hermanos y yo hemos vivido no lo olvidaremos jamás. Guiará nuestro actuar para el resto de nuestros días.

Así fue, sencillamente ejemplar.Gracias tito Fede. Gracias por todo lo que nos has enseñado con tu vida y con tu ejemplo. No te olvidaremos jamás. Te querremos siempre.


JAVIER BENÍTEZ ASENSIO