Con la pandemia que nos ha tocado sufrir, me pongo en el lugar de las personas que pueden tener este problema y no quieren darse cuenta y el confinamiento y sus consecuencias. La Covid-19 nos ha traído un confinamiento que no esperábamos y los adictos al alcohol, nos hemos tenido que acostumbrar a buscar la manera de consumir.

El tener que estar en casa más tiempo, el cierre de los bares de copas, el no tener motivos para salir, todo ello a mí y hablo en primera persona, me traería mucho sufrimiento, no solo por no salir, sino por no poder beber lo que mi cuerpo necesitaría todos los días.

En casa siempre decía que no bebía tanto, solo unas cervezas, y ahora vigilado por la familia, sufriría por no poder beber lo que el cuerpo me pide. Como adicto a una sustancia sé lo que es encontrarse sin poder consumir las cantidades que diariamente necesitaba mi organismo para estar bien, ya que al faltar la droga el cuerpo pide su ración y si no se le da, empieza uno a tener mal humor, temblores como si tuviésemos décimas de fiebre y una tos seca, con ganas de vomitar y no tener nada que echar, porque el cuerpo no entiende de que de pronto no le entre la droga que diariamente recibía.

Al principio podemos engañar a la familia, intentando que no se dé cuenta de que nos falta algo, pero al final tanto la esposa como los padres se darán cuenta de que algo nos pasa y tienen que ser muy pocos observadores para no darse cuenta de que lo que nos pasa es que no tomamos, la cantidad de droga que necesita nuestro cuerpo.

Eso convierte la convivencia en un infierno, nos volvemos huraños, malhumorados, discutimos por tonterías y buscamos todas las formas para poder beber.

Siempre me negaba a reconocer que tenía problemas con el alcohol, me mentía a mí mismo, diciendo que lo dejaba cuando quería, que yo no tenía problemas y que además solo era un bebedor social, nada de ser alcohólico, pues bebía lo normal, una forma de ser que tenemos todos los que hemos contraído esta enfermedad, de la adicción al alcohol y que nos repetimos todos los días. (Yo contaba las copas que me tomaba, cuando me encontraba más fresco y pasaba de las veinte copas diarias), pues a pesar de eso no me consideraba alcohólico, solo que intentaría beber menos, cuando eso es imposible.S

e aguanta uno los primeros días con mucho sacrificio, pero a la larga como tenga uno una oportunidad recupera las copas que dejó de tomar en un solo día.

Sé y conozco a muchos empresarios dedicados a servir copas y no los critico por hacerlo, cada uno puede dedicarse a montar el negocio que mejor le vaya y donde gane su sustento.

Pero deben de reconocer que están vendiendo una droga legal, pero droga y que con esta pandemia están perdiendo mucho dinero y lo comprendo, pero no por eso, no voy a decir que el consumir esta droga, por muy legal que sea, no es nada beneficiosa para la sociedad.

Además, es un negocio permitido por la sociedad, y no hace falta ir a un bar para consumir, ya que el alcohol, se encuentra en todos los sitios, lo mismo que si no podemos consumir en los bares, nos buscaremos otros sitios para hacerlo, no hay más que ver la cantidad de fiestas que se organizan, y sólo es porque el que tiene problemas de adicción buscará la forma de consumir como sea y donde sea.

Como droga, el que la consume se vuelve más valiente de lo normal y no le importa nada, ni el virus, ni sus consecuencias, no le importa contagiarse y menos contagiar a los demás, ni que los multen, actúan así, por la necesidad de consumir. Y no por ganas de fiesta, ese es el engaño que echamos para organizar esas fiestas.

Al tener menos tiempo para consumir, y necesitar de esta droga, buscamos todas las ocasiones para hacerlo y intentamos hacerlo en casa intentando engañar a la familia. (Yo me llevaba una botella de zumo, con aguardiente, y la escondía detrás de los libros) y cuando de noche me despertaba con ansias, por la falta de alcohol, me lo tomaba y me tranquilizaba y a esperar el día y seguir consumiendo).

Me pongo en la piel de la forma que tendrán para conseguir tomar su ración diaria, intentando por todos los medios el que no le falte. No hay nada más que observar en los “súper”, la cantidad de alcohol que llevan en la compra algunas personas, porque la persona que tenemos este problema, somos muy listos y buscamos todas las ocasiones para que no nos falte, yo decía que era capaz de beber hasta debajo del agua, tan fuerte era mi adicción que me veía incapaz de dejarlo.

Hoy gracias a una asociación de enfermos/as alcohólicos/as llevo muchas 24 horas sin consumir y estoy contento de haber dado este paso y si me confinan, no me importa ya que no dependo de esta droga legal que es el alcohol.


FRANCISCO ARANA JIMÉNEZ