"Un día sin alcohol"

He leído hoy en las redes sociales, que cada vez más adolescentes comienzan a beber alcohol a edades más tempranas. Y esto desgraciadamente es verdad. Mi amigo Fernando me ha contado que una de sus primas con tan solo 12 años ya bebe alcohol y demasiado. Además, su prima vive al lado de él y dice que todas las noches de feria o viernes se escuchan muchos gritos de su madre y a ella vomitar. Claro, que su padre tampoco ayuda mucho… desde pequeña se le veía llegar a casa y gritar a su madre; incluso llegar a pegarle. Esa niña, se llamaba Carlota. Cierto viernes, mi hermano Carlos conoció a esa tal niña que llegó a convertirse en novia de mi hermano. Fue ella la que lo llevó a ese mundo oscuro y al que mi hermano se dejó llevar cada fin de semana ocurrió lo mismo.

Ellos salían, pero no sabían divertirse sin ese maldito complemento: el alcohol. Era demasiado fácil conseguirlo porque aunque parezca mentira, los jóvenes pueden comprar bebidas alcohólicas fácilmente. Ellos pensaban que se lo estaban pasando genial, que todo era felicidad, que no había ningún problema. Pero, sin embargo, esto no era así.Al cabo del tiempo, mis padres se fueron dando cuenta de que pasaba algo extraño. Mi hermano ya no era ese chico simpático que adoraba a su familia, ese chico que sacaba buenas notas, ese chico que nos hacía reír en todos los acontecimientos familiares, ese chico amigo de sus amigos, ese chico que nos apoyaba en cualquier problema… Ahora, ese problema era él.


Sí, mi hermano se convirtió en un adolescente alcohólico que nos trajo noches sin dormir, peleas constantes, gritos, llantos… Siempre recordaré ese momento en el que mi hermano salía de casa dando un desagradable golpe en la puerta y mis padres y yo nos quedábamos llorando hasta que volviera de nuevo.

Llegué incluso a odiarlo, aunque mi cabeza no hacía más que dar vueltas a una constante idea; tenía que recuperarlo, pero, ¿cómo podía hacerlo?

Primero tenía que conseguir que mi hermano fuera consciente del mundo en el que estaba metido. Busqué el momento en el que podía hablar con él y le propuse una salida en familia. Al principio se negó, pero poco a poco fui convenciéndolo, tenía que demostrarle que había otra forma de divertirse. Al día siguiente nos fuimos a almorzar juntos. 


Lo estábamos pasando genial, hasta que un hombre borracho irrumpió en el restaurante y nos hizo pasar un mal momento. Se levantó gritando y golpeó a su mujer y a sus hijos pequeños. Mi hermano, intentó parar al hombre, pero fue imposible, por lo que volvió muy afligido hacia nuestra mesa. No pude evitar preguntarle: ¿Quieres convertirte en un monstruo como ése? Mi hermano se derrumbó y se dio cuenta de sus errores de que el alcohol lo había convertido en otra persona, de que había perdido a sus amigos y a su familia y en muchas cosas más. Se acordó de su novia Carlota y se convenció de que no solo él iba a salir de ese mundo, sino que también iba a ayudar a ella. Tras algún tiempo fue de maravilla, tanto él como ella se fueron recuperando. Y ahora es mi propio hermano el que ayuda a jóvenes y a sus familias a salir de ese infierno. Carlota se ha convertido en una niña muy comprensiva que ayuda a su padre a salir de ese mundo.

Por eso, ¡piénsatelo antes de probar esta droga!

Ana Martínez Ortiz, del Colegio María Inmaculada