El pasado mes de agosto falleció, en Antequera, doña Julita Jiménez Muñoz, madre de mi buen amigo Momo Santolalla. Tuve la gran suerte de conocer a Julieta y a toda su familia, durante todos mis años de niñez y primera juventud, al ser muy amigo de su hijo y de alguno de sus sobrinos.Julita, su madre y sus hermanas, representan para mí, unas de las personas más cariñosas que he conocido en mi vida, y a la vez más sencillas, cualidades que estoy seguro posee por su señorío y por ser personas de bien.

Pasé muchos días, de aquellos largos veranos, que duraban cuatro meses, desde el fin del Colegio en junio, a principio del curso siguiente, en octubre, en casa de Doña Julita madre, en la calle Mesones, jugando con algunos de sus nietos. Recuerdo haber ido con Doña Julita, madre e hija, junto a sus nietos, en Navidades, a los distintos seminarios que existían, concretamente a los de Capuchinos y al de los Trinitarios. Felicitación al Superior y al resto de sacerdotes y entregaban, uno a uno, a las seminaristas que en ellos estudiaban, un regalo. Siempre tenían relación con el frío que, en esas fechas, hace en Antequera unos guantes, una bufanda, unos calcetines de lana.

Las hijas de Doña Julita se turnaban por temporadas, viviendo con ella. Creo que Carmen fue la que más tiempo pasó en casa de su madre. Recuerdo con cariño a sus hijos Pepe y Juan, más pequeños que yo, pero siempre cariñosos como toda su familia.Carmen me ofreció el primer whisky que tomé en mi vida, un día que jugaba con sus sobrinos Ramón, José María y Daniel. Realmente era un vaso lleno de agua con unas gotas de ese licor, pero a mí me pareció un autentico whisky. De Lola guardo también los mejores recuerdos. Vivían algo más arriba, en la misma calle Mesones y su hijo Ramón fue, en aquella época, uno de mis mejores amigos. Siempre tenias que tomar algo cuando ibas a su casa, fuese a la hora que fuese. Victoria, la más pequeña de las hermanas, estaba casada con Paco Ruiz, que fue un gran alcalde de Antequera. Lo traté mucho porque fui amigo de alguno de sus hermanos.

Siempre recordaré sus buenos y acertados consejos, en los años que fue un alto directivo de la Caja Provincial de Málaga y yo Director del Área Económica del Ayuntamiento de esa ciudad.  A Juan, el único hermano, lo traté menos porque se fueron a vivir a Sevilla. No obstante, sus hijos, sobre todo José María y Daniel, fueron también amigos míos. Julieta era una clara representación de ese cariño que tanto recuerdo.

Siempre atenta, procurando que estuvieses lo más a gusto posible y recordando a mi familia. Tenía un especial cariño por los pájaros y una colección muy significativa de ellos en su casa. Los cuidaba con todo su esmero.La verdadera amistad, nunca se pierde, a pesar de no desarrollarla durante años. Mis estudios y mi primer trabajo, en Madrid, unido a la ida de mis padres a Sevilla, me distanciaron de Antequera. Con mi llegada a Malaga, volví a Antequera con asiduidad, sobre todo a partir de presentar el Pregón del Cartel anunciador de los cultos, que en Mayo se celebran en honor del Cristo de La Salud y de las Aguas y la concesión de la distinción del Efebo de la ciudad. 

Ello hizo recobrar, con sumo agrado, para mí y mi familia, la amistad, perdida durante unos años, con todos los buenos amigos de mi niñez, entre el que se encuentra Momo, que para mí, ha heredado de sus padres, ese cariño y sencillez que tanto tuvo la familia que hoy recuerdo. Julita, en el Cielo donde estás seguro, pide por tu familia y por los que te conocimos, como yo. Que seamos merecedores de estar a tu lado. 

JUAN LUIS GALÁN DELGADO