Querida amiga Encarna, todavía no me puedo creer que ya no estés entre nosotros, ni el resto de tu familia, seres queridos. Amigos y vecinos que abarrotaban tu despedida en el tanatorio. Es curioso, tus vecinas del barrio: Socorro, Pepita, Victoria…hablaban de ti como si estuvieras en esa sala, y no fueras la protagonista, recordando anécdotas, y vivencias entrañables de todos estos años.

En las que contaban tu implicación en el Barrio, tu ayuda y entrega a las que más lo necesitaban, siempre tenías un consejo y una mirada de complicidad y energía positiva para todas.Nunca olvidaré cuando ya hace algunos, estando  de prácticas en radio ECCA, conocí a una señora muy guapa y alegre que trabajaba manteniendo en perfecto orden y limpieza la emisora, pero que aunque no lo ponía en la nómina, el trabajo más importante que realizabas allí era el de asesora, psicóloga y animadora del equipo. Pionera como otras tantas mujeres de la época compartiendo el trabajo de la casa y el de los hijos.

Desde ahí arriba sigue dando fuerza y optimismo frente a la vida a todos los que te queríamos y principalmente a tu amado compañero de vida Antonio, nunca he visto a un hombre más enamorado de su mujer, y a Encarni, Sandra y a Manuel padre e hijo.Lo mejor de todo es que por fin vas a poder reunirte con tu hijo Agustín, al que tanto lloraste, echabas de menos y anhelabas ver.

Hay muchas más anécdotas que podríamos recordar, con unas sacaríamos una gran sonrisa,  y con otras lloraríamos. Habría para escribir un libro pero ahora tan sólo deseo:Pedirte perdón porque a pesar de que a veces conseguía poner alguna luz en el oscuro túnel de tu tristeza, de ilusionarte diciéndote que muy pronto podríais tú y Antonio conseguir el último objetivo que tenías en tu vida, “conseguir reencontrarte con tus pequeños”, no ha sido posible. Pero no por ello estés triste sino todo lo contrario, algún día ellos sabrán que hubo unos abuelos que los adoraron y que siempre van a cuidar de ellos estén donde estén.

MARÍA JESÚS RODRÍGUEZ