Estimado amigo Pepe: ¿Cómo te has podido marchar sin despedirte ni de tu familia ni de tus amigos? Te has ido sin hacer ruido ni molestar a nadie, como a ti te gustaba ser, ir por tu cuenta y hacer lo que querías. Que habíamos quedado hace unos días en ir a la finca a ver los olivos, llevando yo tu coche y que te estaba animando, junto con Chica, tu mujer, para que bajases al Casino a la hora en que estábamos unos cuantos de tertulia y luego darte tu paseo matinal como acostumbrabas; antes de encerrarte en tu casa, negándote a salir sin motivos de enfermedad ni nada parecido.
 
¡Cómo nos acordamos de ti! Hoy he hablado con Luisa la del Galeón, que no sabía te habías marchado, y me ha dicho va a buscar todo lo que tiene tuyo y lo va a exponer en el bar, para que todos sus clientes vean tus trabajos, que la mayoría son caricaturas como la que titulastes “El galeón se hunde” y se ve a Manolo Cascales (que en paz descanse) tirándose por la borda. Además del símbolo del Galeón, que es obra tuya al igual que el escudo del casino. 
 
Y una afición que la mayoría no conoce: Lo bien que pintabas, pues yo he visto los cuadros que hay en tu casa, todos ellos obras tuyas, sobretodo uno que está encima del sofá de tu salón presidiéndolo, que es un autorretrato, no se vayan a creer que todo eran caricaturas.
 
Recuerdo un caso que contastes,  cuando te subistes en Bobadilla al exprés que venía de Barcelona y entraste en un departamento de los que llevaban esos trenes, en el que iba un matrimonio y su niña y le dijo el padre: “Escolta Noya, tanca la port” , tú te levantaste y cerraste la puerta del departamento, a lo que el padre te dijo si sabías catalán, té le contestaste que sí, y después de hablar un poco te dijo: Por su acento no es usted catalán, ¿de dónde es? ¿Yo? Del pueblo ese donde me he subido. ¿Y dónde aprendió el catalán? A lo que tú contestas: Estuve en Cataluña una semana y lo aprendí. El catalán cerró su boca y llegasteis a Málaga sin que volviese a hablar el buen señor. Ja ja ja.
 
Me acuerdo cuando venías a la Excursionista por las tardes con tu carpeta de caricaturas y me enseñabas las últimas que habías hecho; por cierto, tengo que recordar la que hiciste, en la que aparezco yo con Etzia, la italiana que trabajó en Fox de camarera y tuviste la deferencia de esperar a que viniese yo del veraneo para que diese la conformidad a ponerla en el Bar de Fox en la Alameda, donde hoy se encuentra.  
 
Cambiábamos impresiones sobre la actualidad, de la que no era raro que discrepasemos los dos por diferentes formas de ver las cosas, pero al final nos marchábamos al Casino a tomar tu cervecita sin alcohol y yo mi tinto, hasta las nueve en que pagabas tu unidad y te marchabas para casa, y así un día tras de otro, siempre acompañados por nuestro amigo común, Pepe Muñoz González. También invitabas 2 ó 3 veces al año a comer en el Casino, cuando se terminaba la recolección de las aceitunas y otra cuando se cobraban, y a la que asistía últimamente nuestro buen amigo Antonio Muñoz Atanet.
 
Recuerdo cuando contaste tu viaje de Asturias a Antequera en autostop, que viniste en un camión y si mal no recuerdo te dejó en Loja de madrugada a la puerta de un familiar, te quedaste toda la noche en el escalón esperando a la mañana para llamar a la puerta. 
 
Fuiste juez en Antequera, trabajaste en el seguro de enfermedad durante 3 años en el despacho de Pepe Gutiérrez, según me contó el doctor Francisco Elías, que me lo negaron  más de cuatro, hasta que lo confirmé contigo; en fin, una vida muy variada para ti que has sido un bohemio de lujo, pues ya nos costó trabajo que empezaras a utilizar el móvil, sobre todo cuando descubriste que hablándole a la pantalla te contestaba al dato que querías confirmar, bien por conocerlo o aclarar una diferencia de criterio que podíamos tener.
 
Te dejo, que descanses después de tu extensa y variada vida y donde estés, sigas haciendo caricaturas de los personajes que por allí te encuentres. Un fuerte abrazo de tu gran amigo, que siempre te recordará.

VÍCTOR M. ROS