Cada año, llegada la segunda semana del tiempo ordinario, los rocieros esperamos atentamente el resultado de lo que queda decidido en la sesión de la Junta de Gobierno de la Hermandad Matriz, para ver si han tenido a bien el reconocer a alguna hermandad como filial de la Hermandad Matriz de Almonte. Y una vez más, como viene ocurriendo en los últimos años, así ha sucedido y hemos tenido la inmensa alegría de que esta suerte nos haya tocado muy cerca, ya que, la Hermandad del Viso del Alcor (Sevilla) ha recibido tal privilegio.
 
Esta hermandad, al igual que Antequera, es ahijada de la Hermandad del Rocío de Sevilla. Esto –traducido para que todos nos entiendan– significa que este próximo Pentecostés será la última vez que recorramos juntos los mismos senderos y veredas. Pero lo haremos previsiblemente de un modo único, que pocos pueden contar y vivir, que es el de caminar con dos carretas presididas por dos Simpecados. 
 
Como dice la sevillana, “tu medalla es diferente y el color de su cordón, pero tu Virgen no cambia: es la misma que llevo yo”. Y es que, aunque las carretas, Simpecados, localidades de origen y caminos por los que discurrir sean distintos, nuestra devoción, sentimiento y emoción es la misma que sentimos al llegar a la aldea prometida del Rocío y colmarnos del Espíritu Santo, para recargar nuestras fuerzas y poder emprender un nuevo año de “misión y servicio” en nuestras localidades de origen, con el mismo espíritu, empeño y ser cristianos. 
 
Por eso, este año será de alegría y de llanto: alegría por ver cómo el sueño de nuestros hermanos del Viso se ha cumplido, pero de llanto por saber que no caminaremos más juntos, aunque los caminos sí nos lleven al mismo destino. De alegría porque alegre es la fiesta de Pentecostés y de llanto por tantos que hubiesen querido vivir un momento así, una Romería así... que será única e difícilmente repetible, salvo por el día en el que esperamos que Antequera también viva un momento así.
 
No obstante, será una ocasión que merece la pena que Antequera, sus hermanos y rocieros se echen a caminar en este año con más fuerza que nunca, por ser este momento así y por quienes no podrán vivirlo, contarlo y disfrutarlo, aunque sé seguro que desde las marismas del cielo compartirán esta misma alegría y “nos obligarán” a caminar, a no rendirnos, “a no dejar nada sin acabar ni a nadie tirado cual Rey Melchor visita a los preferidos del Señor en la noche mágica del 5 de enero”.  
 
Por todos ellos, por los que trabajaron y fueron “ilusión en la rocina”, nuestro mejor homenaje es seguir caminando, por una vereda u otra, para seguir alcanzando la fuerza que cada Pentecostés se nos regala.