Currantes forzados. Locos de la moto. Irresponsables. Me quedaría sin adjetivos para describir los comportamientos irregulares de los repartidores de pizzas. Mucho más, si evaluamos los riesgos derivados de los mismos. En cierta ocasión, conducía un todo terreno.  Un  espejo situado frente a mí, reflejaba los vehículos que se acercaban por la derecha. Miré al mismo, y vi una luz lejana. Calculé que en velocidad de ciudad tardaría en llegar a mi posición, el tiempo suficiente para maniobrar  y acceder al vial principal. En consecuencia hice intento de incorporarme al mismo. ¿Que sucedió? Pues que antes de que mi coche quedara alineado en la vía llegó un cutre vespino y pegó contra el lateral derecho delantero, cayendo al suelo la moto y el motorista.
 
Levantamos al accidentado que se encontraba molesto, le propusimos llevarlo al Hospital para comprobar su estado físico. No hubo manera de convencerlo. En cuanto tomó aire se marchó casi a la misma velocidad con la que se produjo el “encontronazo”. ¡Incomprensible. Ha estado a punto de matarse y sigue conduciendo a una velocidad endiablada! Comentaron algunos de los presentes. Estamos ante un trabajo donde el factor clave es el tiempo. Da lo mismo saltarse un semáforo, que ir a una velocidad muy superior a la permitida en ciudad, o llegar a los domicilios circulando por rampas de minusválidos o zonas reservadas para los ciudadanos de a pie. El caso es repartir muchas unidades en horas cercanas o coincidentes con la cena, o cualquier acontecimiento deportivo que invite a la ingesta de este conocido producto. Supongo que será para ganar más eurillos. 
 
El secreto para los repartidores es batir récord. Claro que estos deben ser regulados y sancionados llegado el caso, ya que se pone en riesgo la seguridad de las personas que circulan con o sin vehículo por las calles de nuestra ciudad y que para más “inri”, prefieren como es mi caso, el jamón ibérico, a la pizza. 
Si hay leyes de aplicación en estos casos, deben hacer que se cumplan o actuar para que la seguridad ciudadana quede garantizada. Se puede evitar con ello, males de mayores dimensiones. Las leyes están para cumplirlas. No es bueno que la integridad física de muchos ciudadanos esté en riego por la dejadez en su cumplimiento o por  pasividad legislativa.
 
 
FRANCISCO CALDERÓN GÁLVEZ