Llámelos ángeles de la guarda, héroes, personas o, lo que son, policías locales al servicio del ciudadano en Antequera. En la tarde del martes 8 de octubre, una pareja bajaba corriendo calle Camberos con un bebé de tan solo 11 días: ¡le pasaba algo y no sabían qué hacer!

 

En ese momento, el destino les llevó a encontrarse con un coche patrulla con dos agentes (Daniel y Laura) y otro compañero fuera de servicio, Miguel, quienes le socorrieron y le salvaron la vida: se estaba atragantando. 

En la plazuela de San Agustín, justo al lado del monumento de la Semana Santa, se le practicaron los primeros auxilios; luego, mientras vino la ambulancia, se le llevó a la Clínica 24 horas de calle Lucena.

Al llegar el equipo médico se le trasladó al Hospital, donde estuvo toda la noche en observación y a primera hora de la mañana se le dio el alta, ya con 12 días.

 

 

Unos minutos de angustia, rapidez y desenlace feliz

“Iba por calle Camberos y vi a tres personas, dos varones y una mujer, uno de ellos llevaba un niño muy pequeño en brazos y bajaban a una velocidad tremenda, pero no escuché lo que iba diciendo. Le pregunté a un vecino qué habían dicho y era que no respiraba. Ellos iban calle abajo, fui en su búsqueda y me encontré a un coche patrulla con Dani haciéndole la maniobra de Heimlich (procedimiento para de primeros auxilios para abrir el conducto respiratorio)”, nos dice Miguel, el policía fuera de servicio.

“Noté rápidamente que el niño no respiraba porque estaba atragantado, le metí el dedo y tenía como una plasta y fui a tirarle, miré al niño y  abrió los ojos y volvió a respirar y cuando lo hizo, fuimos rápido a la 24 horas para que siguieran atendiendo mientras que venía la ambulancia”. 

La patrulla llegó porque “nos los encontramos de frente, corriendo, llorando, por lo que paramos, y lo primero que te encuentras es un bebé con pocos días que nos lo dieron, y nos dijeron: ‘¡Que mi hijo se ahoga, que mi hijo se muere!’”, nos expone Medina. 

Mientras, Laura llamó “a nuestra sala para activar todos los servicios sanitarios. La madre nos decía que le estaba dando leche y que el niño se puso morado, con los brazos caídos, ojos cerrados, no respondía a estímulos”. 

Además de tener 11 días era prematuro y “vimos que tenía pulso, tenía una apnea, una parada respiratoria, lo pusimos boca abajo y le hicimos la maniobra, golpeándole entre las dos escápulas y metiendo los dedos y vimos que salía algo, y yo sentí en el pecho del bebé cómo empezó a respirar”. 

Tras la Clínica, la ambulancia tuvo que limpiarle el orificio por completo y lo oxigenaron,  trasladándolo al Hospital donde estuvo en observación. Una historia con final feliz, donde se evidencia lo necesario que es estar formado para estos casos: “Estos cursos son básicos y se deberían implantar en las administraciones públicas y privadas, debería de ser obligatorio, porque por muy poco que tú sepas, puedes salvarle la vida a alguien, hasta que vengan los sanitarios”. 

Más claro... imposible. ¡Gracias por vuestra labor. De nuevo, la formación y el destino salva la vida de un bebé, que volvió a nacer, 11 días después de la primera vez.

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