El equipo interdisciplinar en Arqueología, Antropología y Paleogenética, dirigidos por Dimas Martín Socas y María Dolores Camalich Massieu, ha encontrado restos arqueológicos en la Cueva de El Toro, en El Torcal de Antequera, que revelan prácticas de canibalismo en el Neolítico Antiguo, según informa la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía.

 

Por tanto, la Cueva del Toro sigue arrojando datos importantísimos para el estudio del Neolítico Antiguo en la Península Ibérica y que gracias al Programa de Investigación del Plan Director se sigue en continuo estudio de este espacio, siendo prioritario para el Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera y que la Universidad de la Laguna viene desarrollando en la Sierra del Torcal desde los años 70.

En concreto, se han hallado restos de siete individuos, en dos conjuntos diferenciados, donde se han localizado un ‘cráneo copa’ -tallado para conseguir la forma de un cuenco- y una mandíbula, junto a recipientes depositados como ofrenda.

Las intervenciones arqueológicas realizadas han permitido documentar ocupaciones humanas que van desde el Neolítico Antiguo (hace 7.000 años), cuando se identifican las evidencias más antiguas de canibalismo en poblaciones agricultoras y ganaderas, hasta el final del Neolítico Reciente (hace 5.000 años).

Los resultados del estudio de ADN de los restos han establecido relaciones de consanguineidad de primer grado en dos de los individuos, con lo que, unido a la interpretación de las evidencias, proponen como hipótesis: que se trate de canibalismo agresivo vinculado a episodios violentos entre grupos en el que se encontraban miembros de una misma familia; o que se produjera en el contexto familiar y fueran consumidos como parte de un ritual funerario. 

La datación por Carbono 14 indicó un corto periodo de tiempo entre el 5000 y el 4800 a.C., sugiriendo que ambos conjuntos son probablemente resultado del mismo momento de ocupación humana de la cueva. Estas son algunas de las conclusiones a las que ha llegado el equipo interdisciplinar que ha liderado las actuaciones arqueológicas, formado por Jonathan Santana, de la Universidad de Durham (Reino Unido), Francisco Javier Rodríguez-Santos, del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria (Universidad de Santander) y Rosa Fregel, de la Universidad de La Laguna (España).

Los resultados de este hallazgo han sido publicados en la revista científica American Journal of Physical Antrhopology  y recogido como noticia destacada por la revista Nature. 

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